Sidosa, el documental de Eduardo Casanova y Jordi Évole donde el actor y director se sincera sobre el VIH que contrajo con 17 años, ha resultado ser un fracaso en taquillas. Pese al respaldo promocional de Atresmedia —coproductora del proyecto junto a la empresa de Jordi Évole—, la película apenas logró reunir unos 2.900 euros durante su primer fin de semana en cartel, entre el 24 y el 26 de abril.
El descalabro comercial no ha sido el único obstáculo. La recepción por parte de los espectadores y de la crítica especializada ha sido igualmente adversa. En plataformas como FilmAffinity, la valoración media del documental se sitúa en un escueto 2,2, acompañada en su mayoría de opiniones muy desfavorables.
Algunos usuarios cuestionan el interés del contenido, señalando que el enfoque carece de novedad y que no aporta elementos relevantes sobre una cuestión que, aunque en su día estuvo rodeada de estigmas, hoy está ampliamente tratada. También hay quien considera que el resultado final tiene escaso valor cinematográfico y sugiere que responde más a una oportunidad de financiación que a una propuesta creativa sólida.
Otros comentarios optan por un tono más irónico o directamente satírico. Un espectador relata que abandonó la sala pocos minutos después de comenzar la proyección, recurriendo incluso a una escena exagerada para describir su salida. En clave humorística, asegura que la experiencia en el hospital tras fingir un desmayo fue más llevadera que continuar viendo la película.
No faltan tampoco críticas que combinan sarcasmo y referencias culturales. Un usuario compara el documental con una supuesta «odisea» al estilo de Interstellar, aludiendo con ironía tanto al enfoque de Casanova como al papel de Évole, al que caricaturiza como un periodista heroico destapando una gran revelación inexistente. En ese mismo comentario, se contrapone el estilo del director con el de cineastas considerados verdaderamente transgresores, cuestionando su autenticidad artística.
Las valoraciones más duras acusan al proyecto de ser un ejercicio egocéntrico, centrado en la propia figura del autor y desconectado del interés del público. También hay reproches hacia el tratamiento del VIH, que algunos consideran inapropiado o banalizado. En esa línea, ciertos comentarios critican el uso de recursos públicos en una obra que, a su juicio, no despierta interés ni aporta valor.
En conjunto, Sidosa ha tenido un estreno marcado por la indiferencia del público en salas y por una recepción muy negativa en el ámbito de la crítica, lo que la sitúa como uno de los lanzamientos más discretos en lo que va de temporada.