El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha salido a defender la «regularización» masiva de inmigrantes aprobada por su Ejecutivo en un artículo de opinión publicado en The New York Times, uno de los principales diarios de referencia en Estados Unidos. Desde allí, el jefe del Ejecutivo español ha presentado la medida como una decisión “moral” y “pragmática”, al considerar que “Occidente necesita gente” para sostener su modelo económico y social.
El artículo, titulado I’m the Prime Minister of Spain. This Is Why the West Needs Migrants, sirve de escaparate internacional para el decreto aprobado la semana pasada por el Gobierno, que permitirá regularizar a más de 500.000 inmigrantes en situación ilegal en España. Sánchez contrapone esta política a la de otros países y carga contra los “líderes” que, según él, optan por perseguir y deportar inmigrantes mediante operativos que califica de “ilegales y crueles”, en una clara alusión al contexto estadounidense marcado por las deportaciones de delincuentes impulsadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y las protestas contra el ICE.
Frente a ese enfoque, el presidente del Gobierno defiende que España ha elegido “una vía diferente”, basada en un procedimiento “rápido y sencillo” para conceder papeles a quienes viven sin autorización administrativa en el país. Una decisión que, según explica, responde a dos motivos fundamentales.
El primero, de carácter moral, apela a la historia migratoria de España. Sánchez recuerda que durante décadas millones de españoles emigraron a América y a distintos países europeos en busca de oportunidades, tanto en los años cincuenta y sesenta como tras la crisis de 2008. Ahora, sostiene, el país tiene la obligación de convertirse en una sociedad “acogedora y tolerante”, a la altura de lo que aquellos emigrantes españoles esperaban encontrar fuera de sus fronteras.
El segundo argumento es estrictamente económico. El presidente del Gobierno advierte de que la mayoría de países occidentales afronta un grave problema demográfico y asegura que, sin inmigración, sus economías y sistemas públicos resultan inviables. A su juicio, la falta de crecimiento poblacional amenaza la sostenibilidad de los servicios y del mercado laboral, lo que convierte la llegada de inmigrantes en un factor clave para evitar el declive.
Sánchez admite, no obstante, que la inmigración plantea desafíos relevantes, aunque rechaza que estos tengan relación con la etnia, la raza, la religión o el idioma. En su análisis, los problemas asociados a la llegada masiva de población extranjera responden a factores como la pobreza, la desigualdad, los mercados sin regulación o las dificultades de acceso a la educación y a la sanidad, cuestiones que, según afirma, también afectan a los ciudadanos españoles.
En el tramo final del artículo, el presidente del Gobierno se dirige directamente a quienes cuestionan esta política y menciona a los dirigentes del entorno “MAGA”, que, según él, describen la regularización como una medida suicida o propia de un país en crisis. Sánchez rechaza ese diagnóstico y sostiene que España vive un momento de fortaleza económica.
Como respaldo a su tesis, el jefe del Ejecutivo destaca que España ha encabezado el crecimiento económico entre las principales economías europeas durante tres años consecutivos, ha generado una parte significativa del nuevo empleo en la Unión Europea y ha reducido el paro por debajo del 10% por primera vez en casi dos décadas. Una situación que atribuye, además del esfuerzo de los ciudadanos y del marco europeo, a una agenda “inclusiva” que considera a los inmigrantes como “socios necesarios”.
Sánchez concluye su tribuna con un mensaje dirigido al resto de países occidentales, a los que invita a seguir el ejemplo español. A su juicio, las democracias europeas y occidentales afrontan una disyuntiva clara: optar por sociedades cerradas y empobrecidas o avanzar hacia modelos abiertos que, según defiende, garantizan prosperidad.