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ataque yihadista en algeciras

Se cumple un año del asesinato del sacristán Diego Valencia: relato de un atentado yihadista

El 25 de enero de 2023, Yassine Kanjaa, un joven marroquí de 25 años, asesinó con un machete al sacristán de la Iglesia de Nuestra Señora de La Palma de Algeciras (Cádiz) e hirió a varias personas. Unos días antes había sentido «algo raro» en su interior, algo que le había hecho estar convencido de que los cristianos «tenían un pacto con Satanás».

Kanjaa no era muy activo en las redes sociales, hasta entonces. Durante el último mes, su número de publicaciones en Facebook se había multiplicado y los mensajes en árabe que difundían la yihad eran cada vez más comunes. Su madre se había dado cuenta de que su hijo se había vuelto muy religioso en las últimas semanas y le había advertido: «Tengo miedo de lo que puedas hacer».

Todo se precipitó unos días después cuando Kanjaa discutió con un hombre marroquí que frecuentaba una iglesia local «por ser converso y no practicar la auténtica religión: el islam«. Tras discutir con él, le agredió «con la intención de matarle».

El yihadista tuvo una revelación «divina» aquel día que le decía que tenía que actuar contra los ritos que allí se practicaban. Debía volver a la Iglesia, esta vez con un machete, y «matar a todos los sacerdotes» que se encontraran allí.

Sobre las siete de la tarde del 25 de enero primero acudió a la iglesia de San Isidro, donde se encontró con un cura oficiando misa. Allí, y «sin tener ninguna misericordia hacia él porque tenía su corazón odioso le asestó un golpe en el cuello con la intención de quitarle la vida».

El hombre atacado resultó ser el vicario parroquial Antonio Rodríguez Lucena, que tuvo que ser ingresado a consecuencia de las heridas, de las que se recuperó favorablemente. Falleció el pasado mes de octubre tras una larga enfermedad.

Minutos después, Kanjaa acudió a la segunda iglesia en la que se encontraba el sacristán Diego Valencia. Intentó huir, pero el yihadista lo persiguió y le dio alcance en la céntrica plaza Alta donde le asestó varios machetazos mientras profería gritos en árabe. Valencia murió a consecuencia de las graves heridas. Su intención, confesó el asesino después a los agentes, «era cortarle el cuello y matarle para acabar con su maldad».

El joven marroquí se paseó después por la zona con el gran machete bañado en sangre. Su ataque se saldó con la muerte de sacristán y con varios heridos. Según aseguró a los agentes, «lo volvería hacer«. Ese asesinato le había convertido en «un elegido de Alá» y le había abierto «las puertas del paraíso».

Este es el relato que se desprende de la declaración de Kanjaa ante los agentes de la Policía Nacional tres días después de los hechos y que se encuentra incluida en el sumario de la causa.

Según el atestado, al joven le incautaron en su habitación múltiple documentación, incluida una «hoja de papel manuscrita con diversas anotaciones en el que se expresa lo que parecen ser unas fórmulas químicas»; un ejemplar del Corán; un pasaporte de Marruecos con diversos sellos de entrada y salida en Ceuta; y un documento de identificación expedido por Instituciones Penitencias a nombre de un hermano de Kanjaa; así como una carta de identidad marroquí.

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