El colapso del sistema penitenciario catalán tiene un rostro claro: el de la inmigración descontrolada. Según un documento conjunto de CSIF Presons, más de la mitad de los presos en Cataluña son extranjeros (y el grupo mayoritario son magrebíes). La situación, advierten, está generando una sobrecarga insoportable en las cárceles de la comunidad.
Los datos son demoledores. En Cataluña, los internos de origen extranjero representan el 52,34% del total de la población penitenciaria. Pero la cifra que más preocupa es la de los jóvenes reclusos: un 74,4% son extranjeros, lo que refleja, según el informe, una tendencia alarmante de violencia y fracaso en la integración.
«La mayoría de delincuentes sí son extranjeros. Sin embargo, nuestros representantes políticos, ligados al dogma de lo ‘políticamente correcto’, insisten en reducir la inseguridad a una percepción subjetiva y evitan señalar a colectivos o nacionalidades, minimizando el alcance real del fenómeno, recoge el documento al que ha accedido LA GACETA.
Así, el documento denuncia que este escenario se traduce en aumento de la conflictividad, agresiones a funcionarios y falta de medios materiales y humanos. El aumento de las agresiones al personal es un indicador objetivo y preocupante. Esta conflictividad está estrechamente vinculada a problemas de inadaptación, que se manifiestan con mucha más intensidad entre la población reclusa extranjera que entre la nacional. Actualmente, los internos extranjeros representan hasta el 62,64% de los clasificados en régimen cerrado». En este sentido, revela que las funcionarias de prisiones «sufren un cuestionamiento sistemático por parte de algunos colectivos, principalmente de origen magrebí».