La alta velocidad (más de 200-250 km/h) española ha acumulado varios récords. El más conocido es su amplitud. Con 3.974 kilómetros tendidos, según Adif, España es el país que tiene la red más amplia de Europa y la segunda del mundo, después de China.
También es uno de los países que menos utiliza esa red, ya que en 2025 el número de pasajeros que circularon por ella fue de 44,5 millones, cuando Francia, Alemania e Italia, con menos kilómetros, registran más viajeros; el dato francés más que dobla al español. Japón, tercer país del mundo en kilómetros, unos 3.000, justo por detrás de España, multiplica por ocho el registro español, con un mínimo de 360 millones de pasajeros en 2025. Es decir, el volumen de tráfico de la red española es muy inferior al de otros países.
Hay que preguntarse que, si el desgaste es menor, ¿por qué entonces hay tantas incidencias? Y, como estamos comprobando con dolor, durante el mandato de Pedro Sánchez en la presidencia del Gobierno, iniciado en 2018, y de Óscar Puente como ministro de Transportes desde hace dos años y once meses, tenemos el récord de pasajeros muertos en siniestros de trenes de alta velocidad.
Las cinco mayores catástrofes han sido las siguientes. En el accidente de Eschede (Alemania), producido el 3 de junio de 1998 por la rotura de la rueda de un tren y su posterior colisión contra el pilar de un puente, murieron 101 personas.
En Angrois (Santiago de Compostela), el 24 de julio de 2013 se salió un convoy de la vía por exceso de velocidad debido, según la sentencia, a la distracción del maquinista y murieron 80 personas. En tercer lugar, la colisión producida en Urda (Toledo) entre dos convoyes, que, por ahora, deja 69 muertos.
En cuarto lugar, el descarrilamiento de un tren en Adamuz (Córdoba) por la rotura de una vía mal soldada mató a 46 personas. Y en quinto lugar, el 23 de julio de 2011, un fallo del sistema de señalización debido al impacto de un rayo provocó el alcance entre dos trenes de alta velocidad en Wenzhou (China), en el que murieron 40 personas.
De las cuatro mayores catástrofes en este medio de transporte, tres han sucedido en España y, encima, dos en menos de un año. Pero el ministro Puente no se siente responsable de ninguna de ellas, ni va a dimitir, porque, como dijo en su rueda de prensa el 30 de octubre: «No sé qué nivel de confort le puede proporcionar a una víctima que yo dimita; no sé si es relevante, sinceramente». ¿Habrá una tercera catástrofe antes de que Puente deje el Ministerio?