«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Un juez decretó este lunes su ingreso en prisión provisional

Un inmigrante marroquí que quería ir a la cárcel ataca comisarías, agrede a un agente y atraca farmacias durante dos semanas

Mossos d'Esquadra en Tortosa. Redes sociales

Un hombre de 30 años, vecino de Salt y de origen marroquí, se ha dedicado durante dos semanas a delinquir para cumplir su objetivo: ir a la cárcel. Tras una sucesión de agresiones, amenazas, destrozos y atracos cometidos en diferentes municipios de Cataluña, finalmente un juez decretó este lunes su ingreso en prisión provisional.

La detención definitiva llegó después de que los investigadores lograran relacionarlo con dos robos violentos cometidos en farmacias el pasado 1 de mayo. En ambos casos utilizó un método prácticamente idéntico: rompía una botella de cristal y amenazaba a las trabajadoras con los fragmentos cortantes para obligarlas a entregarle la recaudación.

El primero de los asaltos tuvo lugar alrededor del mediodía. El individuo irrumpió en una farmacia y, tras romper la botella delante de las empleadas, se llevó el dinero de la caja registradora mientras las víctimas permanecían aterrorizadas.

Horas más tarde volvió a actuar, esta vez en Salt. Allí llamó a la puerta de otra farmacia y, cuando una trabajadora le abrió creyendo que era un cliente, repitió la misma escena violenta. Sin embargo, durante la huida perdió parte de los billetes sustraídos y también documentación personal, un error que permitió identificarlo plenamente.

Gracias a ello, los agentes de la Unidad de Investigación de los Mossos d’Esquadra de Gerona consiguieron vincularlo con una larga cadena de incidentes ocurridos durante los días anteriores.

La secuencia delictiva había comenzado el 20 de abril en la comisaría de los Mossos de Gerona. Según la información publicada por ElCaso.com, el hombre entró tranquilamente en recepción y preguntó a un agente si era policía. Cuando este respondió afirmativamente, lo empujó violentamente sin mediar más palabras.

Los agentes presentes lo redujeron rápidamente y lo arrestaron por atentado contra la autoridad. Durante el interrogatorio reconoció abiertamente cuál era su intención: «Quería que me detuvierais».

Lejos de detenerse tras quedar en libertad, el hombre continuó protagonizando altercados. El 26 de abril acudió a un CAP del distrito de Ciutat Vella, en Barcelona, donde comenzó a comportarse de forma agresiva y errática, generando temor entre pacientes y trabajadores. Finalmente fue arrestado nuevamente por resistencia y desobediencia.

Al día siguiente se desplazó hasta Malgrat de Mar y lanzó una piedra contra la puerta de cristal de la comisaría de la Policía Local, destrozándola. Cuando los agentes acudieron a reducirlo, se entregó sin oponer resistencia y volvió a insistir en que quería acabar en prisión.

Pocos días después regresó otra vez a Gerona. Durante la madrugada del 30 de abril cogió una silla de un bar situado frente a la comisaría de los Mossos y comenzó a golpear un vehículo policial estacionado en el exterior.

Cuando los agentes salieron para detenerlo, reaccionó encarando y amenazando a los policías, por lo que volvió a ser arrestado por daños, amenazas y resistencia. Tras pasar nuevamente por el juzgado, quedó otra vez en libertad.

Ni siquiera entonces frenó su escalada violenta. Ese mismo día, pocas horas después de abandonar los calabozos, entró en un supermercado y comenzó a romper botellas de alcohol. Cuando una trabajadora le recriminó su actitud, la amenazó antes de ser detenido otra vez.

Finalmente, después de acumular todos estos episodios y especialmente tras los dos atracos a farmacias, el juzgado de instrucción de guardia de Gerona decretó su ingreso en prisión. Aunque el motivo exacto de su obsesión por acabar entre rejas sigue siendo desconocido, las autoridades consideran que durante una temporada las calles de Gerona, Salt y otras localidades estarán más tranquilas sin él en libertad.

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