Un inmigrante de 60 años y origen nigeriano llamado Chukwuma O. ha sido sentenciado a 18 años de prisión por delitos sexuales cometidos contra tres niñas de entre 9 y 10 años en una vivienda de Málaga, aunque, pese a la condena firme, nunca llegó a ingresar en la cárcel y actualmente se encuentra en situación de fuga, con una orden judicial de búsqueda y detención.
La resolución judicial, adelantada por El Español, sitúa los abusos entre los años 2016 y 2019 y describe un patrón prolongado de agresiones que se repitieron durante años. El tribunal da por probado que el acusado actuó de manera deliberada y continuada, aprovechando la convivencia diaria y la indefensión de las menores para someterlas a actos de carácter sexual. En al menos una ocasión, llegó a intimidar a una de ellas para que guardara silencio.
Los hechos se desarrollaron en un piso alquilado en Málaga, cuyo contrato figuraba a nombre de la pareja del condenado. En el inmueble residía un complejo entramado familiar: el acusado, su pareja, los hijos de ella —una niña de una relación anterior y dos menores en común— y, además, otras dos mujeres con sus hijas. Una de estas familias ocupaba una habitación en régimen de subarriendo, mientras que la otra dejaba a su hija al cuidado de la pareja del agresor cuando se desplazaba a trabajar a Lorca, en la Región de Murcia.
Ese entorno de convivencia fue el escenario de los abusos. La sentencia recoge un episodio especialmente grave ocurrido en el verano de 2016, cuando Chukwuma O. condujo a las tres niñas a una habitación, les ordenó quitarse la ropa y las agredió sexualmente. A lo largo del tiempo, también realizó tocamientos reiterados a una de las menores, siempre aprovechando momentos en los que no había adultos presentes.
Además de la pena de prisión, el tribunal impuso al condenado la obligación de indemnizar a las víctimas, fijando compensaciones económicas de 30.000 euros para una de ellas y 5.000 euros para otra. Sin embargo, fuentes cercanas a la investigación confirman que el acusado nunca llegó a ser encarcelado tras la sentencia y que se desconoce su paradero actual.
Durante el juicio, el condenado negó de forma rotunda cualquier implicación en los abusos. No obstante, el caso salió a la luz tras un episodio que encendió las alarmas en el entorno educativo de una de las niñas. La menor mostró interés por cuestiones relacionadas con el suicidio en un grupo de WhatsApp escolar, lo que llevó a profesores y tutores a indagar sobre su estado emocional.