Un propietario de la urbanización Santa Margarida, en Roses (Gerona), denuncia que perdió los ingresos con los que contaba para su jubilación después de que su vivienda fuese ocupada apenas tres días después de comprarla. Según su testimonio, el piso se utiliza ahora como almacén de material vinculado al top manta.
El afectado, Ricardo Moraes, presidente de la asociación de comerciantes y vecinos de Santa Margarida, relata su caso en una entrevista concedida a El Periódico, donde denuncia la facilidad con la que los okupas logran empadronarse en viviendas ocupadas y la falta de aviso a los propietarios por parte del Ayuntamiento.
Moraes explica que vendió su negocio inmobiliario y decidió invertir en dos apartamentos unidos con la intención de asegurarse una fuente de ingresos de cara a su jubilación. Sin embargo, apenas tres días después de la compra descubrió que el inmueble había sido ocupado. «Es muy duro. Te cambia los planes. Ahora tendré que volver a trabajar porque no puedo contar con esos ingresos», afirma.
El propietario asegura que desde su vivienda puede observar el uso que los ocupantes hacen del piso. Según relata, el inmueble se ha convertido en un punto de entrada y salida constante de personas y sirve como almacén para mercancía del top manta. «Es muy frustrante ver cómo tu piso se convierte en un negocio para otros», denuncia.
Además, sostiene que detrás de muchas ocupaciones existe una organización previa. «Saben cuándo un piso está vacío, sobre todo cuando hay un cartel de que está en venta. Para tener las llaves de un piso ocupado pagan dinero y luego hay quien intenta negociar dinero para irse. Es un negocio», explica.
El proceso judicial tampoco ha resuelto aún la situación. Moraes afirma que el procedimiento se ha alargado por aplazamientos y recursos, lo que permite a los ocupantes permanecer en la vivienda. «Ha habido juicios y aún pueden apelar. Mientras tanto, ellos siguen dentro. Es una sensación de impotencia muy grande».
El presidente vecinal alerta además de un aumento de la inseguridad en la zona. Según sostiene, Santa Margarida registra robos, intentos de robo y una presencia policial insuficiente, en un entorno donde muchos pisos permanecen vacíos durante el invierno y resultan vulnerables a la ocupación.
Las asociaciones vecinales reclaman más vigilancia policial, mayor control del empadronamiento y medidas contra el top manta. También piden que el Ayuntamiento avise a los propietarios cuando alguien intenta empadronarse en una vivienda, algo que, según denuncian, no ocurre en la actualidad.