Yolanda Díaz afronta un serio handicap lingüístico en su candidatura a dirigir la OIT. El Gobierno español ha propuesto este jueves a la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo como candidata a la Dirección General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). De resultar elegida, sería la primera mujer y la primera española al frente del organismo de Naciones Unidas. Sin embargo, su limitado dominio de idiomas distintos al español se perfila como uno de los principales obstáculos para lograr los apoyos necesarios.
Los idiomas de trabajo de la OIT son el inglés, el francés y el español. Para la mayoría de los puestos profesionales de la organización se exige un excelente dominio de uno de ellos y un buen conocimiento de un segundo. Aunque el cargo de director general es de elección política y no está sujeto a los mismos requisitos formales que el personal técnico, en la práctica el multilingüismo resulta clave.
Díaz domina el español como lengua materna, pero ha mostrado públicamente dificultades con el inglés en varias ocasiones. En ruedas de prensa y actos internacionales ha necesitado traducción para preguntas sencillas y ha quedado en evidencia al no poder responder con fluidez. No existen evidencias de un nivel solvente de francés. En contraste, el actual director general, Gilbert Houngbo, habla inglés, francés, español y otras lenguas.
En Ginebra, sede de la OIT, gran parte de las negociaciones, documentos oficiales y contactos diplomáticos se desarrollan en inglés y francés. Fuentes diplomáticas consultadas señalan que un candidato con un solo idioma de trabajo «parte con una clara desventaja» a la hora de tejer alianzas entre los 187 Estados miembros, los sindicatos y las organizaciones empresariales que forman el Consejo de Administración.
La elección del próximo director general se decidirá en 2027. Mientras el Gobierno español destaca la trayectoria de Díaz en derechos laborales y diálogo social, en círculos internacionales ya circula la crítica de que dirigir una organización global con un perfil lingüístico tan limitado puede restarle competitividad frente a otros posibles aspirantes más poliglotas.