«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La Gaceta de la Iberosfera
Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.
Se retira entre la presión política creciente y las amenazas de Elon Musk

Anthony Fauci, el gran arquitecto de la criminal narrativa del coronavirus

Anthony Fauci. AL DRAGO - POOL VIA CNP / ZUMA PRESS / CONTACTOPHO

Anthony Fauci, el médico director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos (NIAID por sus siglas en inglés), se retira de la vida pública tras 50 años y ser el funcionario mejor pagado de su país entre grandes escándalos por la gestión de la pandemia e informaciones sobre su posible participación en el encubrimiento de los orígenes y la verdad del virus.

El pasado 24 de diciembre Anthony Fauci cumplía 82 años y, apenas terminando el año, Elon Musk anunciaba que publicaría los documentos demostrativos de la colaboración de Twitter con la administración pública para ocultar, minimizar y controlar información clave durante la crisis sanitaria de los últimos tres años. Tiempo en el que el médico ha sido una de las figuras más notorias como responsable sanitario –cargo ejercido durante las últimas cinco administraciones– y de más exposición pública –se contabilizan más de 300 apariciones en medios de comunicación sin contar las propias de su cargo–. Según medios estadounidenses, la hija de Fauci habría trabajado para Twitter durante la pandemia. ¿Conflicto de intereses?

Algunos medios señalan que se despide antes de que los cargos contra él vayan a más, en especial con el supuesto repunte de casos del virus en China y la resurrección de la misma narrativa que se utilizó oficialmente desde comienzos de 2020. Un discurso oficialista sanitario que desvió la atención del origen del SARS-CoV2 omitiendo las partes implicadas en su desarrollo durante los últimos años a través de lo que se conoce como ganancia de función. Este término hace referencia a los procedimientos científicos seguidos para que un patógeno con potencial pandémico se replique más rápido o cause más daño del que originalmente y de manera natural ocasionaría.

EcoHealth Alliance

¿Y de dónde viene esta sospecha? En 2014, el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH por sus siglas en inglés) otorgó una beca a EcoHealth Alliance para que analizara el riesgo de aparición en un futuro de coronavirus en murciélagos. Estudio categorizado por algunas revistas científicas como de «gran error». La beca para la investigación se renovó para otros cinco años en 2019 pero que se canceló a los pocos meses de empezar 2020 tras la denominación oficial del brote de COVID19 como pandemia global.

Del total de estas subvenciones, EcoHealth Alliance habría entregado cerca de 600.000 dólares al Instituto de Virología de Wuhan en China con la aprobación del mismo NIH, de ahí que se considere la vinculación como probada entre ambos países en el estudio y posterior manipulación de virus respiratorios. Esto, quizás, no hubiera trascendido más allá de una colaboración científica sino hubieran coincidido tres factores: la financiación en concreto para coronavirus, el tiempo de estudio y el solapamiento con la crisis sanitaria global y los cuadros directivos que permitieron esto. Y es que Fauci ha sido el director del NIAID que es un departamento dentro del propio NIH, cuyo jefe de bioética resulta que es su mujer Christine Grady.

En mayo de 2021, Fauci declaró bajo juramento ante una comisión del Senado de Estados Unidos. Negó que el NIH hubiera financiado directa o indirectamente el Instituto de Virología de Wuhan y también negó todo atisbo de posibilidad de que el SARS-Cov2 causante de la COVID19 tuviera origen artificial. Declaraciones que se contradijeron con las que lanzó poco después en una entrevista señalando que «no estaba convencido» que el origen fuera natural.

Información con cuentagotas

Todo esto se ha sabido relativamente hace poco tiempo, especialmente porque los grandes medios de comunicación ocultan de manera intencionada estas informaciones que llevan a preguntas legítimas que al menos la prensa debería ser libre de plantear sin ser tildada de negacionista, antivacunas, etc. Pero es por todos conocida la doctrina informativa en los últimos años y cuál ha sido el tratamiento criminal de la información, así como la violación de las libertades más básicas de la población.

Según se ha podido conocer por la publicación de cientos de páginas de correos de Fauci como responsable del NIAID, el médico tuvo mucha más información de la que compartió públicamente e, incluso, con el mismo presidente de Estados Unidos que, por aquél entonces, era Donald Trump. ¿Quiso hacer daño deliberadamente a la administración Trump ocultando información vital que hubiera servido para descargar presión sobre el expresidente en esos momentos cuando indicaba, más acertadamente de lo que pensamos, que el originen de la COVID tenía más que ver con los laboratorios en China que con un desarrollo natural por el cambio climático como llegaron a indicar algunos científicos e, incluso, líderes espirituales?

Atendiendo también a la información vertida en esos correos, Fauci desconfiaba de la utilidad de las mascarillas siempre y cuando uno no estuviera contagiado, pero aun así impuso la política de mascarillas obligatorias, tal y como ocurrió en Europa. Es decir, él sabía que sólo tenían sentido en aquellas personas infectadas para disminuir la posibilidad de contagio, pero no tenía sentido alguno su uso por parte de personas sanas. ¿Por qué? ¿Para inducir el pánico en la población? ¿Con qué fin?

Las llamadas vacunas ARNm

La campaña de inoculación global tuvo lugar tras la imposición de las mascarillas como supuesto medio para evitar contagios, a pesar de que se ha demostrado y reconocido que no sirvieron a ese fin. La FDA estadunidense (la agencia de control de alimentos y medicamentos) aprobó las terapias génicas de ARNm para su uso de emergencia. Esto supuso que todos los controles necesarios para llevar la vacuna al mercado quedaban anulados y se pasaba directamente a inyectarse en seres humanos de manera masiva. El ya exdirector del NIAID ha sido uno de los mayores promotores e impulsores de esta campaña de vacunación global, a pesar de las dudas sobre sus efectos adversos y de su utilidad. Dudas que se han confirmado como hechos en una comisión del Parlamento Europeo en el que una directiva de Pfizer reconocía que nunca se hicieron las pruebas para evitar contagios y de inmunidad como se nos repitió día y noche para promocionar su uso. Información falsa que, por cierto, se sigue usando a día de hoy. Los medios generalistas aseguraron que inmunizaba y evitaba el contagio. La cifra empezó con un 100% y fue bajando hasta ya simplemente admitir que al menos vacunándose una persona no se muere por infección.

Este mantra, que ha sido repetido hasta la saciedad durante los últimos años, sigue utilizándose. Así define El País a Fauci: «Tres características lo han convertido en el zar de la salud pública en EE UU: la excelencia científica, su probidad como servidor público y la pericia como gestor de crisis tan mediáticas –y tan alarmantes– como las citadas. Con respecto a la covid, EE UU, que fracasó en primera instancia en la contención del virus, demostró estar a la vanguardia en investigación y desarrollo de las vacunas, y en la campaña de inmunización, gracias a su liderazgo. Fauci ha esperado para colgar la bata a ver la pandemia encarrilada como “una nueva realidad estable”».

Para defender la labor de personas como Anthony Fauci se ha utilizado la falsa asociación de conceptos antivacunas = extrema derecha. Como al exdirigente del NIAID lo criticaban los republicanos (y son extrema derecha) cualquier persona que lo critique también es de extrema derecha. Esto ha servido para que ciertos sectores hayan santificado su labor a pesar de no estar sujeto a adhesión ideológica ninguna. Algo semejante ha ocurrido en España. Basta recordar los noticiarios de las cadenas principales asociando a los que se negaban a pasar por el aro como negacionistas o de ultraderecha (o incluso partidarios de VOX que para ellos viene a ser lo mismo).  

La inmunización sigue siendo una realidad para muchos, a pesar de que la realidad es tozuda y desmonta este argumento. Muchos se han lanzado a defender la actuación del exjefe de la NIAID, también como método de expiación personal. Aseguran que nunca dijeron que la vacuna inmunizaba ni que evitaba el contagio. La hemeroteca demuestra lo contrario, tan sólo hay que bucear un rato por Google para rescatar miles de artículos en esa línea.

Si el mantra para algunos es éste, el mantra de Fauci es «seguir a la ciencia». Si algo ha demostrado todo lo que rodea al virus es que la ciencia como ente abstracto no existe. Existen las ciencias y su éxito –o no– radica en la libertad de los profesionales para investigar, negar y poner en duda incluso las cosas más evidentes y aceptadas por la población. El cientificismo reinante es preocupante, en especial cuando se cree que la ciencia no está reñida con intereses económicos privados. Las decenas de miles de millones de euros ganados en los últimos años por farmacéuticas desmontan fácil este argumento.

Es difícil no comparar a Anthony Fauci con Salvador Illa, salvando las distancias entre la capacidad y preparación de uno y la incompetencia de otro. Ambos hicieron frente a la presión durante los peores años de sus cargos. Ambos actuaron de manera incompresible en contra de la información de la que disponían. Illa fue apartado para desviar el foco. Fauci da un paso atrás cuando la presión parece ya imparable entre ataques del gobernador republicano Ron DeSantis y la posibilidad de que se filtren más datos a partir de las amenazas de Elon Musk. Sea como sea, Fauci desaparece de los focos y, según OpenTheDoors, se marcha seguramente con los bolsillos más tranquilos que la conciencia.

.
Fondo newsletter