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EL PRÓXIMO VIERNES

La Administración Biden retirará un monumento a los confederados en el cementerio de Arlington

Cementerio de Arlington. Europa Press

Los españoles podemos sentir el consuelo que dicen aporta el mal cuando muchos lo sufren. La iconoclastia contra el pasado y la remoción de estatuas y nombres de los callejeros políticamente incorrectos se ha extendido en los últimos años a Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Canadá, que hasta ahora parecían a salvo por su patriotismo.

El próximo viernes, el Ministerio de Defensa de EEUU procederá a retirar del cementerio nacional de Arlington (Virginia) un enorme monumento a los soldados confederados de 10 metros de altura. En 2022, el actual secretario de Defensa, nombrado por Joe Biden, Lloyd Austin, mandó elaborar una lista de lugares y monumentos con significados confederado que se hallasen en instalaciones de su departamento para retirarlos o renombrarlos. Así se ha hecho ya con varias docenas, pero este memorial es el más polémico de todos, por su situación y su tamaño.

El memorial de Arlington se instaló en 1914, con asistencia del presidente Woodrow Wilson (demócrata), en la sección reservada a los confederados también por orden de otro presidente, William McKinley (republicano). En esta parte del cementerio reposan más de 400 militares confederados, a los que, de momento, se respeta. El monumento lo construyó el virginiano Moses Jacob Ezekiel, combatiente en la guerra.

La presidencia de Donald Trump fue la excusa para que de pronto los estudiantes y profesores de las universidades más pijas y caras de EEUU, secundados por los activistas profesionales de extrema izquierda, se movilizaran contra el «racismo institucional y la supremacía blanca».

Aparte de destrozos y saqueos por el país, en especial en las ciudades con alcaldes demócratas (Seattle, Portland, Nueva Orleans, San Francisco, Chicago…), comenzó un movimiento perfectamente organizado para demoler estatuas de la Confederación, incluso para exhumar militares de este bando. La protesta purificadora también afectó a estatuas de Cristóbal Colón, de fray Junípero Serra y de conquistadores españoles. La locura ha llegado hasta a desplazar una piedra del campus de una universidad de Wisconsin a la que se acusó de racista.

El diputado federal Andrew Clyde, del Partido Republicano, ha sido uno de los mayores oponentes a la aplicación de la «memoria histórica» por parte del Gobierno de Biden. En un mensaje en X, ha escrito que “la izquierda quiere división y destrucción, no unidad ni reconciliación”.

La política del «progresismo» en América y Europa, aunque lleve corbata y se siente en consejos de administración, es usar cualquier causa o acontecimiento para escindir las sociedades en buenos y malos.

El Ku Klux Klan lo fundaron demócratas

Lo irónico es que muchos de estos monumentos que están siendo desmantelados por los demócratas en el siglo XXI los instalaron otros demócratas en el siglo XX.

Por ejemplo, en 1948 en la ciudad de Baltimore el alcalde Thomas D’Alesandro, del Partido Demócrata, inauguró un monumento en honor de los generales confederados Robert Lee y Stonewell Jackson. Entre los asistentes se encontraba su hija de ocho años, la futura Nancy Pelosi, que presidió durante ocho años la Cámara de Representantes.

En 2020, durante la campaña contra la reelección de Trump, Pelosi, también militante demócrata, se arrodilló delante de las cámaras de televisión en solidaridad con George Floyd, muerto en Mineápolis (alcalde demócrata) durante una detención policial.

Y el demócrata Woodrow Wilson, el primer originario de uno de los estados que formaron la Confederación que fue elegido presidente (1913-1921), fue quien introdujo las leyes de discriminación racial en la Administración federal. También es el presidente que más expediciones militares ha enviado a países iberoamericanos.

Para que la campaña de acusar de racistas a los republicanos e incluso a los negros que no votan a los demócratas funcione es imprescindible fabricar la «memoria histórica» de un Partido Demócrata antirracista. Dentro de poco en EEUU se enseñará que el Ku Klux Klan lo fundaron los republicanos, como en España se afirma que el general Franco quiso entrar en la Segunda Guerra Mundial contra los deseos de Adolf Hitler.

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