«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Washington lo presenta como parte de una «operación antinarcóticos reforzada»

La Administración Trump envía ocho buques de guerra a la costa de Venezuela y Maduro ya teme que emprendan acciones militares

Donald Trump y un buque de guerra de EEUU. Redes sociales

La Armada de Estados Unidos ha enviado ocho buques de guerra a las aguas del Caribe y el Pacífico, en lo que constituye uno de los mayores despliegues navales en Iberoamérica de los últimos años. Aunque Washington lo presenta como parte de una «operación antinarcóticos reforzada», la maniobra ha generado suspicacias, especialmente en Venezuela, donde el gobierno de Nicolás Maduro interpreta la presencia militar como una amenaza directa.

Entre las unidades desplazadas se encuentran tres destructores con destacamentos de la Guardia Costera y agentes federales a bordo, preparados para llevar a cabo detenciones en operaciones de interdicción de drogas. También participan dos buques de desembarco, el crucero USS Lake Erie, un buque de combate litoral y el buque de asalto anfibio Iwo Jima, que transporta más de 2.500 marines y helicópteros para apoyo aéreo. En conjunto, el despliegue otorga a la administración estadounidense una capacidad de respuesta mucho más amplia que en misiones previas en la región.

El refuerzo naval coincide con un endurecimiento del discurso de la Casa Blanca hacia Caracas. Trump ha llegado a acusar directamente a Maduro de dirigir el llamado Cártel de los Soles, por lo que Estados Unidos ha duplicado en pocas semanas la recompensa ofrecida por su captura, que pasó de 25 a 50 millones de dólares. Como contramedida, el mandatario venezolano anunció el envío de 15.000 soldados a la frontera con Colombia y animó a sus seguidores a sumarse a las milicias populares para enfrentar a lo que definió como «el imperio».

En la práctica, la movilización estadounidense también rompe con la tradición de bajo perfil del Comando Sur, un área habitualmente relegada frente a las prioridades de Washington en Oriente Medio o el Indopacífico. Lo común en el pasado era encontrar buques de la Guardia Costera o el despliegue puntual de barcos hospital como el USNS Mercy o el USNS Comfort. Por ello, la llegada simultánea de destructores, cruceros y un portahelicópteros resulta excepcional.

Según un funcionario del Pentágono citado por The Washington Post bajo condición de anonimato, los navíos ya se hallan en patrulla acercándose a la costa venezolana. Dos de ellos, el USS Gravely y el USS Jason Dunham, fueron avistados en el Caribe Oriental, mientras que el USS Sampson operaba frente a Panamá. El USS Minneapolis-St. Paul, de combate litoral, se encuentra en aguas caribeñas, y el Lake Erie en el Pacífico, a la altura de México.

En paralelo, la prensa estadounidense ha informado que dentro de la administración se han debatido opciones militares que van desde ataques de precisión contra líderes hasta una cooperación más estrecha con las fuerzas mexicanas. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, evitó precisar esos planes, pero sí advirtió que «Trump está dispuesto a emplear todos los instrumentos del poder de Estados Unidos para frenar el tráfico de drogas y enjuiciar a sus responsables».

Parte de la oposición venezolana interpreta el despliegue como una táctica de presión sobre Maduro, mientras países como Ecuador y Argentina —aliados de Trump— se sumaron recientemente a la designación del Cártel de los Soles como organización terrorista. Desde Caracas, en cambio, se insiste en que el operativo naval es la antesala de una agresión militar, y se ha presentado la movilización interna de tropas como un mecanismo de defensa nacional.

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