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las medidas progresistas están disparando la criminalidad

La criminalidad alcanza récords en Estados Unidos gracias a las medidas ‘woke’

Imagen del vídeo del robo viral en California.

Un hombre entra a cara descubierta, a plena luz del día, en un supermercado de San Francisco. Trae una gran bolsa que empieza a llenar con parsimonia con los objetos apetecidos de las estanterías, a la vista de otros clientes y de los guardias de seguridad del establecimiento. Cuando termina de llenar la bolsa, sin precipitarse en absoluto, pasa por delante del guardia de la puerta y sale a la calle sin que nadie le detenga, y sin pagar.

Hay un vídeo viral con la escena, pero deben imaginarse eso mismo repetido innumerables veces en innumerables establecimientos comerciales del Estado Dorado. Bienvenidos a California, donde te pueden detener por reunirte con tus amigos para hacer una barbacoa pero no por robar en las tiendas, siempre que no haya violencia ni se sobrepase determinado coste.

Este sistema de autoservicio gratuito es cortesía de la Proposición 47, aprobada en el Estado en 2014 por la que dejaban de ser delitos cosas como robar en las tiendas por un valor inferior a 950 dólares y consumir la mayoría de las drogas. Es decir, ahora puedes meterte lo que te plazca, comprado con el dinero conseguido robando tranquilamente aquí y allá.

No es el único disparate progresista que está multiplicando la criminalidad de muchas ciudades norteamericanas en el último años a niveles que se no habían conocido en décadas. ¿Se acuerdan del movimiento ‘Defund the Police’ (eliminemos la financiación de la policía) que surgió tras la muerte del delincuente habitual George Floyd a manos de la policía en plena sobredosis de fentanil? Bueno, pues la consecuencia está a la vista.

En la abrumadora mayoría de los casos todo quedó en retórica, o en meros cambios cosméticos en la fuerza de policía de ciudades y condados. Pero el sentimiento antipolicía que los políticos, en lugar de reprimir, azuzaron con su apoyo a amotinados como Black Lives Matter o Antifa hizo mella sobre la moral del cuerpo. Un estudio publicado por el New York Times y realizado sobre unos doscientos departamentos de policía muestra que las jubilaciones anticipadas subieron un 45% y las renuncias, un 18%, entre abril de 2020 y abril de este año. En ese periodo, se jubilaron 2.600 agentes, frente a los 1.509 del año anterior. En Seattle, una de las ciudades más ‘woke’ de la unión, las renuncias pasaron de 34 a 123 en ese periodo.

Minneapolis, la ciudad en la que murió Floyd, gobernada por un alcalde demócrata, contaba con 912 agentes uniformados en mayor de 2019. Hoy son solo 699, y el departamento no sabe cómo atraer nuevos reclutas a la academia de policía.

En consecuencia, el crimen -y, sobre todo, el crimen violento- se ha multiplicado, por aquello de que los incentivos funcionan y las ideas tienen consecuencias (dos lecciones que nunca aprende el progresismo), ciudad tras ciudad. Es el caso de Rochester, en Nueva York, sobre la que Reuters ha hecho un reciente reportaje. Con 34 homicidios en lo que va de año, Rochester va camino de batir un récord de 70 homicidios en el año, una tasa percápita superior a la de Chicago, que a su vez es una de las ciudades más violentas de Estados Unidos.

El caso del hurto ‘legal’ en comercios no tiene consecuencias tan terribles a corto plazo, pero, naturalmente, no sale gratis (salvo al tío de la bolsa). A la larga, lo que era un delito ocasional se convierte en una rutina diaria que no hay comercio que resista. De hecho, varios han cerrado ya sus puertas por este motivo, y no hay razón para pensar que no irá a más, un factor de ruina que se suma a las dificultades de cierres y confinamientos que han sembrado la desolación entre las pymes norteamericanas. La cadena Wallgreens ya ha cerrado diecisiete de sus establecimientos en San Francisco por este motivo.

La perspectiva es trágica: barrios -especialmente, barrios deprimidos- que se quedarán sin comercios donde proveerse de alimentos o de farmacias donde comprar medicinas. Así que, una vez más, las medidas tomadas por los políticos progresistas en nombre de los más débiles acaba dejando a los más débiles en una situación aún más desesperada.

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