«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
El número de asesinatos se ha reducido en torno a un 20%

Trump obra el «milagro» tras endurecer las políticas migratorias: EEUU cierra 2025 con la mayor caída anual de homicidios jamás registrada

Donald Trump, presidente de EEUU. Redes sociales

La Administración Trump ha logrado finalizar 2025 con la mayor caída anual de homicidios en Estados Unidos jamás registrada, un descenso histórico que contrasta con un final de año marcado por episodios de extrema violencia, como el atentado con vehículo en Año Nuevo en Nueva Orleans o varios tiroteos masivos que sacudieron el país en los últimos meses.

Según datos preliminares recopilados a partir de más de 550 agencias policiales de todo el país, el número de asesinatos se ha reducido en torno a un 20% respecto al año anterior. Así lo explica Jeff Asher, analista nacional de criminalidad y exasesor de la CIA y del Departamento de Policía de Nueva Orleans, quien subraya que incluso aplicando estimaciones prudentes la caída se ha situado entre el 16% y el 17%, un récord sin precedentes en las estadísticas modernas.

Este retroceso supera ampliamente el descenso del 15% registrado en 2024, que hasta ahora ostentaba el mayor ajuste anual conocido. En años anteriores, la reducción ya había sido significativa, con un 13% en 2023 y un 6% en 2022, según cifras del FBI. Ahora, 2025 ha cerrado con el menor número de homicidios desde que el organismo federal comenzó a recopilar datos sistemáticos en 1960.

Los expertos coinciden en que el país atraviesa una fase de normalización tras el repunte de criminalidad vivido durante la pandemia. A ello se suma, según fuentes próximas a la Casa Blanca, el impacto de las políticas de seguridad impulsadas por el presidente Donald Trump, entre ellas un endurecimiento de la legislación penal y un refuerzo de las políticas migratorias, orientadas a frenar la entrada irregular y a facilitar la expulsión de delincuentes extranjeros reincidentes.

Las cifras no sólo reflejan una mejora a escala nacional, sino también en grandes ciudades tradicionalmente golpeadas por la violencia. Detroit, Filadelfia y Baltimore se encaminan a cerrar el año con sus registros de asesinatos más bajos desde la década de 1960. Nueva Orleans, pese al atentado terrorista del 1 de enero, apunta a su mejor dato desde 1970, mientras que San Francisco se acerca a niveles no vistos desde 1940.

En Chicago, los homicidios han caído un 30% respecto a 2024 y casi un 50% en comparación con 2021, cuando la ciudad rozó los 800 asesinatos anuales. La tendencia se extiende además a otros delitos: las agresiones agravadas han disminuido alrededor de un 8% y el robo de vehículos se ha desplomado más de un 20% a nivel nacional.

Datos adelantados por el FBI a comienzos de año ya apuntaban en esta dirección, con una reducción del 18% en los homicidios entre septiembre de 2024 y agosto de 2025, así como descensos generalizados en la delincuencia violenta y los delitos contra la propiedad. No obstante, el informe anual definitivo no se publicará hasta el segundo trimestre de 2026, por lo que los analistas siguen trabajando con muestras parciales.

Pese a estas cifras, la percepción social del crimen sigue marcada por casos especialmente mediáticos. Tamara Tarpinian-Jachym, madre de un joven de 21 años muerto en un tiroteo en Washington, recordó que las estadísticas no alivian el dolor de las familias. Su hijo murió en junio al quedar atrapado en un fuego cruzado a escasa distancia de la Casa Blanca, un suceso por el que tres adolescentes están siendo juzgados como adultos en un tribunal federal.

Tarpinian-Jachym defendió públicamente la decisión de Trump de desplegar efectivos de la Guardia Nacional en Washington y otras grandes ciudades, una medida adoptada tras varios ataques graves y que, según la Administración, busca consolidar la tendencia a la baja del crimen. «Los números pueden bajar, pero cada víctima deja una familia destrozada», afirmó.

Con todo, los analistas insisten en que el desplome de los homicidios en 2025 marca un punto de inflexión. La combinación de recuperación social tras la pandemia, refuerzo policial, políticas de tolerancia más estricta y control migratorio más severo ha dado lugar, por primera vez en décadas, a una caída de la violencia letal de una magnitud nunca antes registrada en Estados Unidos.

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