Las estadísticas oficiales de criminalidad en Alemania han vuelto a encender las alarmas. Los datos correspondientes a 2025, publicados por la Oficina Federal de Policía Criminal (BKA), reflejan una sobrerrepresentación significativa de extranjeros en los delitos más graves, especialmente en crímenes violentos y agresiones sexuales.
A pesar de que los extranjeros representan en torno al 15% de la población, su peso en determinados delitos resulta muy superior. Según el informe, están implicados en el 41% de los delitos violentos y en el 38% de los homicidios, una proporción que vuelve a situar el debate sobre seguridad en el centro de la agenda política alemana.
El ámbito de los delitos sexuales es particularmente preocupante. Los extranjeros aparecen vinculados al 36% del total de estos delitos, porcentaje que asciende hasta el 39,1% si se consideran únicamente los casos más graves, como violaciones y agresiones sexuales. Además, las cifras muestran una tendencia al alza: las violaciones han aumentado un 72% desde 2018, consolidando una evolución que preocupa a expertos y a la opinión pública.
La criminalidad con arma blanca también se mantiene en niveles elevados, con alrededor de 29.000 delitos al año, lo que equivale a unos 80 casos diarios. En cerca de cuatro de cada diez homicidios o tentativas de homicidio se emplea un cuchillo.
Los datos apuntan igualmente a una fuerte presencia en delitos patrimoniales: casi la mitad de los robos y hurtos son cometidos por extranjeros, con cifras especialmente altas en regiones como Renania del Norte-Westfalia, donde duplican o triplican su peso demográfico.
Aunque el informe recoge una ligera caída global de la criminalidad, atribuida en parte a cambios legislativos como la legalización del cannabis, los delitos más graves siguen creciendo. Los homicidios aumentaron un 6,5% y las agresiones sexuales graves un 8,5%, mientras que los casos de abuso infantil también continúan al alza.
El debate se intensifica además por las limitaciones estadísticas. Expertos y sectores políticos advierten de que la creciente concesión de nacionalidades dificulta medir con precisión el origen de los delincuentes, ya que muchos autores con antecedentes migratorios aparecen registrados como ciudadanos alemanes.