El gobierno de Alemania ha abolido la normativa que permitía a inmigrantes obtener la ciudadanía exprés en sólo tres años, una disposición creada por la anterior coalición socialdemócrata, liberal y ecologista. La derogación, impulsada por el Ejecutivo conservador del canciller Friedrich Merz gracias a la presión de la formación soberanista Alternativa para Alemania (AfD), marca un giro decisivo en la política migratoria del país.
El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, defendió la eliminación de esta vía rápida durante su intervención en el Bundestag. «El pasaporte alemán no puede ser un premio de bienvenida, sino el resultado de un proceso de integración probado y sólido», declaró, subrayando que el gobierno busca «frenar los incentivos a la inmigración irregular y reforzar la cohesión nacional».
Esta modificación suprime la posibilidad de naturalización en tres años, reservada hasta ahora para inmigrantes considerados «excepcionalmente integrados». Sin embargo, otras partes de la reforma aprobada bajo el mandato del ex canciller Olaf Scholz permanecen intactas: la doble nacionalidad sigue permitida, y el tiempo de residencia exigido para acceder a la ciudadanía se mantiene reducido de ocho a cinco años. Los conservadores habían prometido revertir también estos puntos, pero hasta el momento no han logrado reunir los apoyos necesarios para hacerlo.
Paradójicamente, los socialdemócratas del SPD —ahora socios minoritarios en la coalición de Merz— respaldaron la supresión de la naturalización exprés, argumentando que su aplicación práctica había sido mínima. De las más de 300.000 personas que obtuvieron la ciudadanía alemana en 2024, apenas unas pocas centenas lo hicieron por esa vía especial, diseñada originalmente para atraer profesionales altamente cualificados y acelerar su integración plena.
Desde la oposición, Los Verdes lamentaron la decisión. La diputada Filiz Polat advirtió durante el debate parlamentario que Alemania «compite a nivel global por el talento» y que endurecer los requisitos «envía un mensaje equivocado a quienes podrían contribuir al futuro del país». Según Polat, el nuevo enfoque del gobierno «prioriza la desconfianza sobre la oportunidad» y arriesga con «reducir el atractivo internacional de Alemania como destino de innovación y trabajo».
Con esta medida, Berlín consolida un cambio de rumbo en su política migratoria, que pasa de la apertura y la atracción de talento hacia un modelo más selectivo y restrictivo. En el trasfondo, el ascenso electoral de la AfD —que ha logrado marcar la agenda política nacional— ha sido determinante para que los conservadores, firmes defensores de la inmigración masiva, impongan un discurso más firme sobre identidad, control de fronteras y ciudadanía.