«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La colíder de Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel, ha cargado contra el Gobierno de Friedrich Merz

Alemania pierde más de 340.000 empleos industriales desde 2019 y teme la destrucción de otros 300.000 puestos: «Es un profundo fracaso»

Friedrich Merz. Europa Press

Alemania atraviesa una de las crisis industriales más graves de las últimas décadas. Desde 2019, el país ha perdido más de 341.000 empleos industriales, según datos citados por la consultora EY, mientras los empresarios del sector metalúrgico y eléctrico advierten de que otros 300.000 puestos de trabajo podrían desaparecer si el Gobierno no adopta medidas urgentes.

El deterioro afecta al corazón mismo del modelo económico alemán: la industria manufacturera, el metal, la automoción, la ingeniería mecánica y el sector eléctrico. Tras años de costes energéticos elevados, presión regulatoria, pérdida de competitividad y competencia china, el empleo en estos sectores ha caído hasta los 3,8 millones de trabajadores.

El presidente de Gesamtmetall, Udo Dinglreiter, ha advertido en declaraciones al diario Handelsblatt de que el país corre el riesgo de sufrir una nueva oleada de destrucción de empleo. «Estamos en peligro de perder otros 300.000», señaló.

Si ese escenario se cumple, Alemania registraría el nivel de empleo más bajo en la industria del metal y la electricidad desde la reunificación. Además, se trata de puestos bien remunerados y estratégicos, cuya desaparición puede provocar un efecto dominó sobre otros sectores productivos, fiscales y sociales.

La colíder de Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel, ha cargado contra el Gobierno de Friedrich Merz por el deterioro de la economía industrial. «Según un estudio de la consultora EY, más de 341.000 empleos industriales han sido eliminados en Alemania desde 2019. Sólo en el primer trimestre de 2026, el empleo cayó un 2,3%. Las medidas de alivio y reformas estructurales anunciadas por el canciller Friedrich Merz no se han materializado», denunció en X.

Weidel sostuvo que la pérdida de empleo industrial no puede explicarse como un simple fenómeno cíclico, sino como la consecuencia de un fracaso estructural. «La pérdida continuada de más de 341.000 empleos industriales no es un fenómeno coyuntural marginal, sino la expresión de un profundo fracaso de política estructural», afirmó.

A su juicio, mientras otras economías refuerzan deliberadamente su base industrial y aprovechan el crecimiento global, Alemania se ha desacoplado del impulso internacional. La dirigente de AfD denunció además que el marco económico del país es «hostil al crecimiento» y acelera la salida de producción hacia el extranjero.

«Mientras nuestro propio emplazamiento industrial se erosiona, miles de millones de fondos son desviados a proyectos en el extranjero. Una asignación sistemáticamente equivocada de recursos públicos a costa de nuestra propia economía», añadió.

El hundimiento industrial golpea al Gobierno de Merz en un momento de extrema debilidad política, con niveles de aprobación muy bajos y la AfD situada entre el 28% y el 29% en las encuestas, lo que la convertiría en la fuerza más popular del país.

Uno de los grandes factores de preocupación para la industria alemana es China. Dinglreiter ha calificado de «preocupantes» las inversiones chinas dentro de la Unión Europea, especialmente porque buena parte de esos fondos se dirigen a otros Estados miembros y no a Alemania. Según advierte, esas inversiones no crean empleo local alemán, sino nuevos competidores que operan con mejores condiciones y acceso al mercado europeo.

El dirigente de Gesamtmetall reclama al Gobierno federal un paquete urgente de medidas para restaurar la competitividad del país. Sin reformas, advierte, continuará la destrucción de empleo, la deslocalización de procesos industriales y la caída de ingresos fiscales y cotizaciones sociales, lo que podría alimentar una espiral descendente.

También la industria alemana de ingeniería mecánica exige una posición más firme frente a Pekín. Thilo Brodtmann, director ejecutivo de VDMA, ha pedido a la ministra de Economía, Katherina Reiche, que deje claro durante su próxima misión diplomática a China que Europa no puede seguir tolerando distorsiones sistemáticas de la competencia.

«Una moneda artificialmente baja, subsidios excesivos y controles de exportación motivados políticamente no son delitos menores. Ponen en peligro la industria europea», afirmó Brodtmann.

El problema, sin embargo, no se limita a China. Alemania ha renunciado a la energía barata rusa, ha encarecido su producción con la agenda verde y ha mantenido un modelo basado en una fuerte presión regulatoria, mientras sus competidores asiáticos refuerzan su base industrial, tecnológica y energética.

El contraste con China es cada vez más evidente. El gigante automovilístico BYD presume de contar con 110.000 ingenieros, la mayoría chinos, como principal activo de la compañía. Su presidente, Wang Chuanfu, ha señalado que sus vehículos de nueva energía están entre tres y cinco años por delante del resto del mundo en tecnología y cadena industrial.

Mientras tanto, las cifras comerciales muestran la pérdida de fuerza alemana frente a Pekín. En el primer trimestre, las importaciones alemanas procedentes de China aumentaron un 6,4%, hasta alcanzar los 43.500 millones de euros, mientras que las exportaciones alemanas a China cayeron un 12,5%, hasta los 18.000 millones.

Incluso desde Los Verdes se han elevado críticas contra la pasividad del Ejecutivo. El diputado Andreas Audretsch advirtió de que «China está atacando frontalmente a la industria alemana, la ingeniería mecánica y las pequeñas y medianas empresas».

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