La Comisión Europea ha aprobado a espaldas de agricultores y ganaderos unos criterios con Mercosur que favorecerán el «dumping» de una empresa brasileña de carne señalada por generar problemas recientes de seguridad alimentaria en sus exportaciones de carne de vaca a la UE.
El pasado 22 de abril de 2026, en un procedimiento técnico discreto y sin debate público, la Comisión modificó el reglamento de ejecución de las cuotas de importación de carne bovina. Hasta ahora era Bruselas quien gestionaba las licencias de importación; a partir del 1 de mayo, cuando entre en vigor provisional el acuerdo comercial UE-Mercosur, serán los propios países del bloque sudamericano —y especialmente Brasil— los que decidan cómo repartir las cuotas entre sus exportadores. Esta cesión de control abre la puerta a que un sólo gigante del sector acapare la mayor parte del volumen autorizado.
La principal beneficiada es JBS, la mayor empresa cárnica del mundo y líder brasileña en exportaciones a Europa. Con esta nueva regla, JBS podrá concentrar en sus manos la cuota Hilton —58.000 toneladas de carne premium de alta calidad— que desde el 1 de mayo entrará a arancel cero, frente al 20% actual. Expertos consultados por medios polacos y franceses advierten que esto permitirá a la multinacional brasileña practicar precios agresivos que desplazarán a la producción europea, generando un auténtico dumping que los ganaderos del Viejo Continente ya califican de «ruina anunciada».
Por si fuera poco, JBS arrastra un historial reciente de alertas sanitarias en sus envíos a la UE. En noviembre de 2025, la Comisión ordenó la retirada inmediata de 20 toneladas de carne deshuesada congelada procedente de su planta de Campo Grande (Mato Grosso do Sul). El motivo: sospecha de residuos de estradiol, hormona cancerígena prohibida en la Unión Europea para animales de producción alimentaria. El lote había sido enviado a más de diez Estados miembros y sólo se detectó gracias a una auditoría interna brasileña, no por los controles europeos rutinarios.
Una auditoría oficial de la UE realizada en Brasil en 2024 ya había alertado de deficiencias graves en los controles de hormonas y residuos. El informe concluía que las autoridades brasileñas no pueden garantizar de forma fiable que el ganado tratado con oestradiol 17β no acabe en las cadenas de suministro destinadas a Europa. Pese a ello, la Comisión ha seguido adelante con la liberalización, minimizando públicamente estos riesgos mientras acelera el acuerdo.
Los agricultores y ganaderos europeos, especialmente de Polonia, Francia e Irlanda, denuncian que esta decisión tomada «a espaldas» de los productores locales supone un golpe mortal para miles de explotaciones familiares. Con la carne brasileña entrando a precio de saldo y sin garantías sanitarias plenas, los precios en origen se desplomarán y muchos ganaderos se verán obligados a cerrar. Mientras tanto, en Bruselas se celebra el «éxito comercial» del acuerdo sin mencionar que el gran ganador será un puñado de multinacionales brasileñas con historial cuestionable.