La Comisión Europea ha confirmado que sigue estudiando la creación de una pequeña «célula de inteligencia» interna destinada a reforzar su capacidad de análisis estratégico, un proyecto impulsado por su presidenta, Ursula von der Leyen, que ha provocado fuertes críticas por el posible avance de la centralización del poder en Bruselas.
La iniciativa, anunciada por primera vez en noviembre de 2025, ha generado controversia tanto entre varios Estados miembros como entre partidos políticos que consideran que el plan podría invadir competencias nacionales en materia de seguridad e inteligencia.
El proyecto surge en un contexto marcado por el deterioro del entorno geopolítico europeo, con amenazas híbridas, ciberataques, sabotajes a infraestructuras críticas y campañas de influencia extranjera. Bruselas sostiene que estos desafíos requieren una mayor capacidad de análisis y coordinación a nivel europeo.
Según las primeras informaciones publicadas por el Financial Times, la nueva unidad se integraría en la Secretaría General de la Comisión y operaría directamente bajo la supervisión de la presidenta de la institución.
Su función sería recopilar y analizar información procedente de los servicios de inteligencia nacionales, así como de fuentes abiertas, para elaborar informes estratégicos destinados a apoyar la toma de decisiones dentro de la Comisión.
Desde Bruselas han insistido en que el objetivo no es crear un servicio secreto europeo comparable a agencias como la CIA o el MI6, sino una estructura analítica de pequeño tamaño que facilite la coordinación en un escenario internacional cada vez más complejo. Sin embargo, la propuesta ha despertado recelos tanto dentro como fuera de las instituciones europeas.
Uno de los rechazos más contundentes ha llegado desde Alemania, donde el partido AfD denunció que la creación de una célula de inteligencia dependiente de la Comisión vulneraría el reparto de competencias establecido en los tratados europeos, ya que la seguridad nacional corresponde exclusivamente a los Estados. La polémica también ha generado tensiones dentro de la propia arquitectura institucional de la Unión Europea.
Actualmente, la UE ya cuenta con un centro civil de inteligencia: el EU INTCEN (Centro de Inteligencia y Situación de la Unión Europea), integrado en el Servicio Europeo de Acción Exterior y supervisado por la alta representante de Política Exterior, Kaja Kallas.
Este organismo reúne información proporcionada voluntariamente por los Estados miembros y elabora análisis estratégicos, alertas tempranas y evaluaciones de riesgos relacionados con amenazas externas o híbridas.
La creación de una unidad paralela dentro de la Comisión ha sido interpretada por algunos diplomáticos europeos como un intento de ampliar la influencia directa de la presidencia de la Comisión en cuestiones de seguridad e inteligencia, un ámbito tradicionalmente reservado a los gobiernos nacionales.
Ante las críticas, Bruselas ha rebajado el alcance inicial del proyecto. Según fuentes europeas, la iniciativa se encuentra todavía en fase conceptual y su diseño actual apunta a una estructura mucho más limitada que complementaría los mecanismos de análisis ya existentes en la Unión.