Un estudio científico publicado en la revista «Nature» ha puesto cifras y contexto a casi medio siglo de acuerdos pesqueros entre Bruselas y países del Sur, situando a Marruecos como una pieza clave dentro de este entramado tanto por el volumen de fondos recibidos como por el tipo de recursos explotados y la evolución del modelo de pesca aplicado desde finales de los años setenta.
La investigación, adelantada por La Razón, analiza 45 años de convenios y concluye que Marruecos y Mauritania concentran la mayor parte del respaldo financiero europeo. Entre ambos países han absorbido más de siete décimas partes del dinero destinado a estos acuerdos desde 1979, lo que equivale a unos 3.500 millones de euros de un total aproximado de 4.800 millones. En términos individuales, Marruecos figura como el principal receptor, con cerca de un tercio de todas las ayudas concedidas por Bruselas en este periodo.
Uno de los indicadores más llamativos del informe es el denominado nivel de «intensidad de subvención». Marruecos encabeza este ranking con 2,83 euros por unidad de arqueo bruto, la cifra más elevada entre todos los Estados costeros socios de la UE. Además, más del 80% de ese apoyo estuvo vinculado a la captura de pequeñas especies de superficie, un segmento central del acuerdo pesquero marroquí.
Estas especies —entre ellas sardinas, caballas, anchoas y calamares— son consideradas peces forrajeros por la comunidad científica, ya que ocupan los niveles inferiores de la cadena trófica marina. Su extracción a gran escala tiene un impacto directo sobre los ecosistemas y sobre el equilibrio ambiental de las zonas afectadas, un aspecto que el estudio subraya de forma explícita.
El análisis también establece una relación clara entre la abundancia de pequeños pelágicos y el volumen de ayudas recibidas. Los países con mayores oportunidades para este tipo de pesca, como Marruecos y Mauritania, fueron precisamente los que accedieron a los niveles más altos de apoyo financiero. En el caso marroquí, estos recursos se explotan mediante cerqueros y arrastreros de superficie, embarcaciones diseñadas para capturas masivas en periodos de tiempo muy reducidos.
En cuanto al reparto de la actividad pesquera, España aparece como el actor dominante en aguas marroquíes, especialmente en la captura de especies pelágicas y demersales. Entre 2008 y 2024, los arrastreros de fondo y las dragas figuraron entre los buques más activos, junto a una flota diversa que incluía cerqueros, palangreros y barcos con redes de enmalle, además de una presencia menor de palangres de superficie y barcos de línea.
El estudio también documenta una transformación profunda del propio acuerdo a lo largo del tiempo. A mediados de los años noventa se alcanzó el punto máximo de intensidad: entre finales de 1995 y 1996, la compensación anual superaba los 127 millones de euros y más de 500 buques operaban en la pesca de fondo, centrada en moluscos y crustáceos. En aquel momento, las capturas autorizadas de pequeños pelágicos eran relativamente limitadas y no superaban las 60.000 toneladas.
Ese escenario contrasta de forma radical con la situación más reciente. En 2023, último año analizado, la compensación financiera cayó hasta los 42,4 millones de euros y el número de buques dedicados a la pesca de fondo se redujo a poco más de sesenta, lo que supone una caída cercana a dieciocho veces respecto a la década de 1990. Paralelamente, el peso de la pesca de superficie creció de forma notable, con cuotas que alcanzaron las 185.000 toneladas, repartidas entre flota artesanal y grandes buques industriales.
En conjunto, el trabajo dibuja un cambio estructural en los acuerdos pesqueros de la UE, con Marruecos como uno de los principales beneficiarios históricos y como ejemplo de la transición desde un modelo centrado en especies de fondo hacia otro dominado por la explotación intensiva de pequeños pelágicos.