«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
lo revela una encuesta publicada por el instituto Forsa

Dos de cada tres alemanes creen que el Estado del bienestar «ya no es sostenible»

Friedrich Merz junto a Olaf Scholz. Redes sociales

Una amplia mayoría de los alemanes cree que el modelo actual de Estado del bienestar ya no es financiable. Así lo revela una encuesta publicada por el instituto Forsa para la cadena RTL, según la cual el 64% de los más de mil encuestados considera que el sistema social alemán no puede sostenerse económicamente en su forma actual. Sólo un 34% cree que sí es viable.

El dato no distingue colores políticos. Entre los votantes de Alternativa para Alemania (AfD), el 84% cree que el modelo es insostenible. Entre los simpatizantes de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), el partido del canciller Friedrich Merz, el porcentaje alcanza el 79%. Incluso entre los votantes del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), socio de gobierno, un 58% comparte el escepticismo.

Sólo en la izquierda más ideologizada se mantiene la fe intacta en el sistema de subsidios masivos: el 57% de los votantes de Alianza 90/Los Verdes y el 66% de Die Linke consideran que no existen problemas financieros estructurales.

El propio Merz reconoció en agosto de 2025 que «el Estado del bienestar que tenemos hoy ya no puede financiarse con lo que produce nuestra economía». Sus palabras pretendían preparar el terreno para un anunciado «otoño de reformas» destinado a racionalizar el sistema, especialmente el controvertido Bürgergeld, el subsidio de desempleo que muchos empresarios consideran desincentivador del trabajo.

Sin embargo, el impulso reformista se diluyó rápidamente. El SPD bloqueó cualquier intento de recorte, incluso los más moderados. En una conferencia celebrada el pasado 8 de febrero, su líder Bärbel Bas rechazó frontalmente las propuestas de la CDU para ajustar el sistema, defendiendo en su lugar subidas de impuestos como vía para mantener el nivel de gasto social.

Mientras tanto, el malestar empresarial crece. La asociación BVMW, que agrupa a casi 30.000 pequeñas y medianas empresas, ha enviado una carta abierta al canciller denunciando la pérdida de competitividad del país y la falta de reformas estructurales. Lo que comenzó como una promesa de «giro económico» tras el cambio de gobierno se ha transformado, según el sector productivo, en una creciente desilusión.

Alemania, locomotora histórica de Europa, se enfrenta así a una contradicción cada vez más evidente: una mayoría social que percibe que el modelo no es sostenible y una clase política incapaz de acometer los ajustes necesarios. El debate ya no es ideológico, sino aritmético. Y las cuentas, según los propios alemanes, no salen.

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