En las calles del XVII y VIII distrito de la capital francesa, lo que debería haber sido una tarde cotidiana se convirtió en una pesadilla para Mathilde y Claire Geronimi, dos hermanas que, con apenas 45 minutos de intervalo, sufrieron el horror de una agresión sexual a manos de Jordy Goukara, un inmigrante ilegal de 27 años originario de la República Centroafricana. Bajo amenaza de muerte con un cuchillo, el agresor –¡—quien acumulaba tres órdenes de expulsión del territorio francés (OQTF) previas y un extenso historial delictivo— perpetró dos violaciones, dejando secuelas imborrables en las víctimas. Esta semana, en la Cour Criminelle de Paris, comienza el juicio que podría condenarlo a hasta 20 años de prisión por ambas violaciones.
Los ataques ocurrieron el 11 de noviembre de 2023, en un lapso que apenas separaba los distritos por 15 minutos a pie. Mathilde, entonces de 19 años y estudiante de derecho, se dirigía a una entrevista para un puesto de niñera en la rue Pierre-Demours cuando, a las 15.52h, Goukara la sorprendió por detrás. «Me tiró al suelo, me puso el cuchillo en el cuello y me dijo que si gritaba, me mataría», relata en su testimonio ante el tribunal, a puerta cerrada junto con imágenes de videovigilancia, según la crónica jurídica de Actu Jurique. La violación duró ocho minutos de terror, hasta que un transeúnte –de origen ruso– intervino empujando al agresor, quien huyó, permitiendo que Mathilde fuera atendida por la policía a las 17:00 y trasladada al hospital. «Desde entonces, sufro insomnio crónico, pérdida de apetito y crisis de ansiedad que me impiden concentrarme en mis estudios. Me siento culpable, como si hubiera podido evitarlo», confiesa la joven, cuya vida se ha truncado en un limbo de terapia y desconfianza hacia el mundo exterior.
Apenas 45 minutos después, a las 16.45h, su hermana Claire Geronimi, de 26 años y consultora en finanzas, regresaba a su domicilio en la rue de Vézelay cargada de compras cuando Goukara la emboscó bajo el porche de un edificio. El ataque se prolongó durante 20 agonizantes minutos; amenazas idénticas de muerte, hematomas visibles, un tendón seccionado en la mano y la misma violencia sexual. «Sentí que la muerte estaba ahí, inminente. Me obligó a arrodillarme y me dijo que si me resistía… me degollaba. Fue como si el tiempo se detuviera en el infierno», describe Claire en una declaración que estremeció la sala del Palacio de Justicia parisino. Las secuelas en ella son igual de devastadoras; ruptura con su pareja y trastornos psicológicos profundos. Ambas hermanas, unidas por lazos de sangre y ahora por un trauma compartido, se preguntan en el estrado: «¿Por qué nosotras? ¿Qué nos vio en ese inmigrante que, pese a sus órdenes de expulsión, seguía libre para cazar en las calles de París?».
Jordy Goukara, nacido en 1998 en Bangui y llegado a Francia en 2009 como menor extranjero no acompañado (mena), no era un desconocido para la justicia. Enviado por su madre para escapar de la inestabilidad centroafricana, su trayectoria en suelo galo ha sido un periplo de delincuencia: 13 condenas por robos con violencia, amenazas de muerte, consumo de estupefacientes y agresiones armadas. Liberado de prisión el 17 de enero de 2023 —menos de diez meses antes de los hechos—, acumuló tres OQTF en 2020, 2021 y 2023, esta última emitida apenas dos días después de las violaciones. En prisión, su perfil es alarmante: agresiones a compañeros de celda y personal femenino, intentos explícitos de agresión sexual a una vigilante y un rechazo rotundo a cualquier tratamiento por su adicción al sexo. Peritajes psiquiátricos lo tildan de narcisista con posibles rasgos psicóticos, pero apto para la condena penal, no para medidas educativas. Arrestado apenas 40 minutos después de su huida, en los Campos Elíseos, gracias a un despliegue policial ejemplar.
Este caso, que se extenderá hasta finales de semana, trasciende el mero proceso judicial para interrogar las grietas en el sistema migratorio francés. «Después de aquello, mi vida se rompió en mil pedazos. Cada sombra en la calle me recuerda el cuchillo en mi cuello, la promesa de muerte si abría la boca. Pero no me callaré, este hombre, con tres órdenes de expulsión y aún libre, no es un ‘accidente’, es el fracaso de un sistema que nos abandona. Por Mathilde, por mí, por todas, exijamos justicia sin filtros ni excusas», declaró una de las víctimas en una entrevista para Europe 1.