El Consejo de Estado de Francia ha dado un paso decisivo en la institucionalización del lenguaje inclusivo al autorizar su uso en placas conmemorativas del Ayuntamiento de París, en una resolución que ha generado una fuerte controversia cultural y política en el país.
La decisión, hecha pública el 6 de enero, pone fin a un largo litigio iniciado en 2017, cuando el consistorio parisino aprobó por unanimidad modificar las inscripciones de mármol que homenajean a antiguos presidentes y concejales municipales. Las nuevas placas incorporaron fórmulas como «président.e.s» o «conseiller.e.s», utilizando el llamado point médian para incluir simultáneamente el masculino y el femenino.
La asociación Francophonie Avenir, dedicada a la defensa de la lengua francesa, impugnó la medida al considerar que ese uso no se ajusta a las normas del francés y constituye una imposición ideológica ajena a la tradición lingüística. Tras el silencio del Ayuntamiento, la entidad acudió a los tribunales, pero tanto el Tribunal Administrativo de París (2023) como la Corte Administrativa de Apelación (2025) rechazaron sus argumentos, al considerar que el uso del lenguaje inclusivo no implicaba una posición política explícita.
El Consejo de Estado ha confirmado ahora esas sentencias y ha ido más allá: por primera vez reconoce de forma explícita el point médian como una herramienta legítima de puntuación, validando así el lenguaje inclusivo como una forma aceptable del francés en contextos oficiales.
La reacción no se ha hecho esperar. Régis Ravat, presidente de Francophonie Avenir, ha denunciado que la resolución crea una jurisprudencia peligrosa que permitirá a los activistas de la ideología de género extender este tipo de escritura a todos los ámbitos. «En francés no existe un punto dentro de una palabra. Eso ya no es francés, es jerigonza», afirmó.
Las críticas se han multiplicado en redes sociales y medios de comunicación. Numerosos usuarios han ironizado con parodias del estilo «Aux grand.e.s homme.sse.s, la.e Patri.e reconnaissant.e», mientras otros han acusado directamente al alto tribunal de blanquear el wokismo institucional. En la radio RMC, el periodista Olivier Truchot resumió el sentir de muchos franceses: «En la vida real, nadie habla ni escribe así. Los franceses no quieren esto».
La decisión no obliga al uso generalizado del lenguaje inclusivo, pero elimina los obstáculos legales para que administraciones como la parisina lo empleen en documentos y señalética oficial. Todo ello en un contexto de fuerte debate nacional: el Senado ya ha aprobado iniciativas para frenar estas prácticas y el propio Emmanuel Macron se ha manifestado públicamente en contra del lenguaje inclusivo.
Tras el fallo, el senador Cédric Vial ha anunciado que trasladará el asunto a la ministra de Cultura, Rachida Dati, con el objetivo de reactivar un proyecto legislativo que limite su uso. Mientras tanto, la decisión del Consejo de Estado marca un precedente: el wokismo lingüístico ya cuenta con respaldo judicial en Francia.