Ya lo dijo en su día Ursula von der Leyen en el Foro de Davos: la mayor amenaza a la que nos enfrentamos no es el «cambio climático», ni siquiera «la Guerra de Putin», sino la «desinformación». La reacción de unos líderes con un apoyo popular bajo mínimos es, cada vez con mayor frecuencia, silenciar las críticas.
Es lo que denuncia la oposición conservadora en Francia, que acusa al presidente Macron de tratar de otorgar al Estado nuevos y amplios poderes de censura. Ya a finales de la semana pasada Macron volvió a alertar sobre la supuesta «desinformación» en redes sociales, insistiendo en la necesidad de que el Parlamento dé a las autoridades competencias para bloquear inmediatamente lo que considere «información falsa».
El Estado francés cuenta ya con numerosas herramientas de censura, pero ahora pretende establecer un sistema de «certificación profesional» que crearía, en la práctica, una clase de medios de comunicación oficiales y aprobados por el Estado, separando a los que siguen la línea ética del Gobierno de los que se niegan a hacerlo.
La prensa de derecha francesa reaccionó con indignación. El Journal du Dimanche de Vincent Bolloré denunció la «deriva totalitaria» de Macron en materia de libertad de expresión y advirtió sobre «la tentación de un Ministerio de la Verdad». CNews y Europe 1 acusan al presidente de actuar por resentimiento personal, declarando que la iniciativa proviene de un «presidente descontento con el trato que le dan los medios y que quiere imponer una narrativa única».
El líder de Agrupación Nacional, Jordan Bardella, también reaccionó con dureza, alegando públicamente que «manipular la libertad de expresión es una tentación autoritaria, que corresponde a la soledad de un hombre… que ha perdido el poder y busca mantenerlo controlando la información».
Bruno Retailleau, líder de los republicanos en el Senado, se hizo eco de la advertencia sobre X: «Ningún gobierno tiene derecho a filtrar los medios o dictar la verdad».
En la reunión de gabinete del miércoles, Macron insistió en que no se planea ninguna limitación a la libertad de expresión y descartó explícitamente cualquier etiqueta estatal para los medios de comunicación, según informó el medio norteamericano Barron’s. «Como señaló el presidente de la República al inicio de la reunión de gabinete, no habrá una etiqueta estatal, y mucho menos un ‘ministerio de la verdad'», afirmó el portavoz de Macron.