La oposición al acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el bloque del Mercosur sigue creciendo dentro de la propia UE. Los gobiernos de Hungría e Irlanda han confirmado que votarán en contra del pacto impulsado por la Comisión Europea, al considerar que pone en grave riesgo a sus sectores agrarios y amenaza los medios de vida de miles de agricultores europeos.
El Gobierno húngaro reiteró este jueves su rechazo frontal al acuerdo, a sólo un día de la votación prevista entre los embajadores de los Estados miembros ante la UE. El ministro de Asuntos Exteriores y Comercio, Péter Szijjártó, denunció que Bruselas está presionando para sacar adelante un pacto que «abriría Europa a importaciones ilimitadas de productos agrícolas sudamericanos a expensas del sustento de los agricultores húngaros».
Según Budapest, el acuerdo ignora una vez más los intereses del campo europeo tras más de dos décadas de negociaciones y vuelve a utilizar a los agricultores como moneda de cambio en la política comercial comunitaria. Hungría mantiene así una posición que comparte con otros países reticentes, como Polonia, Italia o Francia, que han expresado dudas sobre el impacto del tratado en el sector primario.
Irlanda también se opone
A este bloque de rechazo se ha sumado oficialmente Irlanda. El primer ministro irlandés, Micheál Martin, confirmó este viernes durante una visita oficial a Shanghái que su Gobierno también votará en contra del acuerdo, pese a reconocer que se han producido algunos avances en las negociaciones. «No estamos convencidos de que los agricultores irlandeses no se vean perjudicados. Por lo tanto, el Gobierno votará en contra», afirmó.
Martin subrayó que Irlanda no puede aceptar un acuerdo que permita competir en el mercado europeo a productos procedentes de sistemas de producción que no cumplen los mismos estándares medioambientales ni las mismas exigencias en materia de emisiones, bienestar animal o seguridad alimentaria. «No podemos permitir que se socaven los estándares que se imponen a nuestros agricultores», advirtió.
En la misma línea, el viceprimer ministro irlandés, Simon Harris, recalcó que la postura de Dublín «siempre ha sido clara» y que las medidas adicionales ofrecidas por la Comisión Europea «no son suficientes para satisfacer a los ciudadanos irlandeses». «Nuestra posición se mantiene: votaremos en contra del acuerdo», zanjó.
Pese a este creciente rechazo interno, la Comisión Europea sigue confiando en lograr el respaldo político necesario para sacar adelante el acuerdo y allanar el camino hacia su firma, que podría producirse la próxima semana. Así lo defendió el comisario europeo de Comercio y Seguridad Económica, Maros Sefcovic, quien aseguró que Bruselas está trabajando «muy duro» para obtener la luz verde de los Veintisiete.
Sefcovic insistió en que la Comisión ha ido «más lejos que nunca» en la introducción de salvaguardas, controles reforzados y mecanismos de protección para los agricultores europeos frente a posibles distorsiones derivadas del acuerdo con el Mercosur. «No sólo hemos escuchado las preocupaciones, sino que las estamos abordando con soluciones reales», afirmó.
El tratado, cuyo texto quedó cerrado hace más de un año, sigue pendiente de ratificación política. Para que la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, pueda firmarlo, necesita previamente un mandato de los Estados miembros. Tras un primer intento frustrado en diciembre por la oposición de Francia e Italia, la cuestión vuelve este viernes a la mesa de los embajadores de la UE, en una reunión a puerta cerrada.
La decisión requiere una mayoría cualificada —al menos 15 países que representen el 65% de la población europea— y podría salir adelante incluso con el voto en contra de países como Francia e Irlanda si Italia finalmente respalda el acuerdo. Mientras tanto, la fractura entre Bruselas y buena parte del campo europeo sigue profundizándose.