«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
ambos países comparten más de 130 kilómetros de frontera

El Papa agradece la «generosa hospitalidad» de Hungría con los refugiados ucranianos

El Papa Francisco durante el rezo del ángelus. Europa Press

El Papa ha agradecido al Gobierno y a la iglesia de Hungría la acogida de refugiados ucranianos «no sólo con generosidad sino con entusiasmo» tras escuchar diversos testimonios de ucranianos que huyeron de la guerra en este país con el que comparte más de 130 kilómetros de frontera.

«Gracias por cómo habéis acogido -no sólo con generosidad, sino también con entusiasmo- a tantos refugiados de Ucrania», ha asegurado durante un encuentro con refugiados y pobres en la iglesia de Santa Isabel en Budapest, en su segundo día de visita.

El pontífice ha escuchado con atención y, en algunos momentos conmovido, el testimonio de una mujer húngara, un padre de familia ucraniano, y un diácono y su esposa que se ocupan de acudir a personas vulnerables y sin hogar.

Entre ellos estaba Oleg, protagonista -como ha subrayado el Papa- de un «viaje hacia el futuro lejos de los horrores de la guerra» junto a su familia.

Así ha alabado Francisco la «generosa hospitalidad» del país europeo: «Incluso en el dolor y el sufrimiento se encuentra el valor para seguir adelante cuando se ha recibido el bálsamo del amor: es la fuerza que ayuda a creer que no todo está perdido y que es posible un futuro diferente. El amor que Jesús nos da y nos manda vivir contribuye entonces a erradicar de la sociedad, de las ciudades y de los lugares donde vivimos, los males de la indiferencia -la indiferencia es una plaga- y del egoísmo, y reaviva la esperanza en una humanidad nueva, más justa y fraterna, donde todos puedan sentirse en casa».

Asimismo, el Papa ha dicho que la verdadera fe es la que «arriesga, la que saca a los pobres y hace capaz de hablar el lenguaje de la caridad con la propia vida».

Al comienzo de su discurso, que se hizo eco de los testimonios, Francisco ha rendido homenaje al «generoso servicio que la Iglesia húngara realiza por y con los pobres» y ha instado así a que la fe «no se convierta en prisionera de un culto alejado de la vida y no sea presa de una especie de egoísmo espiritual, es decir, de una espiritualidad que yo me construyo a la medida de mi propia tranquilidad y satisfacción interior».

Como ejemplo del «lenguaje de la caridad», el Papa ha reivindicado la figura de Santa Isabel de Hungría, «hacia la que este pueblo siente gran devoción y afecto».

«Al llegar esta mañana, he visto su estatua en la plaza, con el zócalo que la representa recibiendo el cordón de la orden franciscana y, al mismo tiempo, dando agua para calmar la sed de un pobre», ha relatado Francisco.

«Es una bella imagen de fe: quien se vincula a Dios, como san Francisco de Asís, en quien se inspiró Isabel, se abre a la caridad hacia los pobres, porque «si uno dice: ‘Amo a Dios’ y odia a su hermano, es un mentiroso. Porque quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve», ha exclamado.

Así ha asegurado que a los cristianos se les pide «compasión hacia todos, especialmente hacia aquellos marcados por la pobreza, la enfermedad y el dolor».

Por ello, ha pedido una Iglesia «que domine el lenguaje de la caridad, un lenguaje universal que todos escuchen y entiendan, incluso los más alejados, incluso los que no creen».

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