El soberanismo patriótico arrasa en Austria. El FPÖ se sitúa en el 37,5% de intención de voto, según el promedio de encuestas actualizado a 5 de enero, ampliando de forma contundente su ventaja sobre los partidos del sistema y confirmando un cambio de ciclo político en el país alpino.
El dato supone un salto de más de ocho puntos respecto a las elecciones legislativas de 2024 y consolida al FPÖ como primera fuerza con enorme margen, muy por delante de sus rivales. El desplome del bipartidismo es evidente: el ÖVP cae hasta el 19,0% (−7,3 puntos), mientras que el SPÖ se queda en 17,9% (−3,2).
Por detrás, los Grüne alcanzan el 10,8% (+2,6), NEOS se mantiene en el 9,0%, y el KPÖ roza el 3%.
Las cifras no proceden de un único sondeo, sino de un polling average, es decir, un promedio ponderado de varias encuestas recientes recogidas por agregadores demoscópicos europeos. Aun así, todos ellos dibujan la misma tendencia: ascenso imparable del FPÖ y agotamiento del bloque tradicional que ha gobernado Austria durante décadas.
El liderazgo del partido encabezado por Herbert Kickl se alimenta del rechazo social a la inmigración masiva, del hartazgo con la agenda climática y de género, y del creciente malestar por la pérdida de identidad nacional, especialmente en ciudades como Viena, donde los cambios demográficos y educativos han generado una profunda inquietud entre el electorado.
De mantenerse estos porcentajes, el FPÖ no sólo ganaría con claridad las próximas elecciones, sino que forzaría una reconfiguración completa del sistema político austríaco, dejando a ÖVP y SPÖ en posiciones marginales y situando al soberanismo como eje central del poder.