Francia ha anunciado draconianas medidas para recortar el elefantiásico gasto del Estado pero, curiosamente, ha evitado el expediente más sencillo: recortar las generosas ayudas sociales que reciben los recién llegados, así como controlar estrictamente las fronteras.
Es la queja de la líder de Agrupación Nacional, Marine Le Pen, ante el plan integral de reformas financieras radicales presentado por el primer ministro francés, François Bayrou, para abordar el creciente déficit presupuestario. Un componente clave de estas reformas es la eliminación de dos días festivos: el Lunes Santo y el Día de la Victoria (8 de mayo). Además, el Gobierno planea introducir una nueva contribución solidaria para los ciudadanos más adinerados.
Pero el Gobierno de Macron depende del apoyo de Le Pen en la Asamblea para aprobar leyes. Y la líder soberanista se ha apresurado a criticar duramente las propuestas presupuestarias, señalando que no hay recortes a los miles de millones que fluyen hacia la creciente población extranjera de Francia.
«Tras siete años de una gestión catastróficamente deficiente, Emmanuel Macron y François Bayrou son incapaces de lograr ahorros reales y presentan una nueva factura a los franceses: casi 20 000 millones de euros en impuestos y privaciones«, ha declarado Le Pen. «Ningún ahorro en el coste de la inmigración, en los subsidios para energías intermitentes sin control, nada en burocracia hospitalaria o educativa».
«Este Gobierno prefiere perseguir a los franceses, a los trabajadores y jubilados, en lugar de perseguir el despilfarro. En cuanto a impulsar la producción, aparte de eliminar las regulaciones en colaboración con las bases, como propone la Agrupación Nacional, son meros deseos piadosos. Si François Bayrou no revisa su enfoque, lo censuraremos», añadió Le Pen.