El presidente de Austria, Alexander Van der Bellen, ha generado una fuerte controversia tras felicitar públicamente a la comunidad musulmana por el inicio del Ramadán utilizando simbología islámica, mientras numerosos ciudadanos le reprochan haber relegado la Cuaresma cristiana a un segundo plano.
Este año, tanto el Ramadán como la Cuaresma comenzaron el mismo día, algo que no ocurría desde hacía casi un siglo. Con motivo de la coincidencia, Van der Bellen publicó en sus redes sociales una imagen con varios fanous —farolillos tradicionales asociados al mes sagrado islámico— acompañados del mensaje en árabe «Ramadan Kareem» junto al escudo nacional austríaco.
El presidente añadió un texto en el que agrupaba ambas celebraciones religiosas bajo una misma reflexión sobre el respeto y la convivencia: «Al comenzar la Cuaresma cristiana y el Ramadán, recordamos la importancia de detenernos, agradecer y estar los unos para los otros».
Las críticas no tardaron en llegar. Numerosos usuarios señalaron que la imagen utilizada se centraba exclusivamente en el Ramadán, sin ninguna referencia visual a la tradición cristiana mayoritaria en el país. «La mayoría de los austríacos siguen siendo cristianos y usted no debería olvidarlos», escribió un usuario, acompañando su comentario con la imagen de la cruz de ceniza propia del Miércoles de Ceniza.
La periodista conservadora Ellen Fantini acusó al mandatario de mezclar ambas celebraciones en el mensaje pero priorizar visualmente el Ramadán. Van der Bellen, antiguo dirigente de Los Verdes y presidente desde 2017, ya había suscitado polémica en el pasado por sugerir que las mujeres austríacas podrían llevar velo islámico como gesto de solidaridad con las musulmanas.
El gesto del presidente austríaco no es un caso aislado. La embajada de Alemania en Estados Unidos también publicó una felicitación específica por el inicio del Ramadán sin mencionar la Cuaresma.
En ciudades como Frankfurt y Colonia, los ayuntamientos han instalado por tercer año consecutivo decoraciones con medias lunas luminosas y mensajes de «Happy Ramadan» en calles céntricas. En Frankfurt, la iniciativa fue defendida por la alcaldesa Nargess Eskandari-Grünberg como símbolo de «convivencia pacífica y solidaridad».
El debate vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que atraviesa Europa: el equilibrio entre el reconocimiento de la diversidad religiosa y la preservación de las raíces culturales cristianas que han configurado históricamente el continente.
Para muchos críticos, el problema no es felicitar el Ramadán, sino hacerlo desde la máxima institución del Estado con simbología exclusiva mientras la tradición cristiana queda diluida en un mensaje genérico de convivencia.