Los Emiratos Árabes Unidos han restringido la financiación pública para sus ciudadanos que desean estudiar en universidades británicas, una decisión que refleja el progresivo enfriamiento de las relaciones con Londres y que tiene su origen en profundas discrepancias políticas y de seguridad.
Aunque el Reino Unido ha sido durante años uno de los destinos académicos favoritos para los estudiantes emiratíes, el flujo de becas oficiales empezó a frenarse incluso antes del pasado verano. Fuentes conocedoras del proceso aseguran que, a medida que se acumulaban los desacuerdos bilaterales, las solicitudes de nuevos estudiantes comenzaron a ser rechazadas, si bien quienes ya estaban matriculados pudieron mantener la ayuda económica.
El punto de inflexión llegó en junio, cuando el Ministerio de Educación Superior emiratí dio a conocer una nueva lista de universidades extranjeras cuyas titulaciones serían reconocidas y financiadas por el Estado. El documento, elaborado dentro de una reforma orientada a concentrar recursos en centros considerados de mayor excelencia, incluía instituciones de Estados Unidos, Australia, Francia o Israel, pero dejaba fuera por completo al Reino Unido, pese a su prestigio académico internacional.
Desde Abu Dabi se trasladó posteriormente que la exclusión no había sido un error técnico. De acuerdo con varias personas al tanto de las conversaciones con Londres, las autoridades emiratíes expresaron su preocupación por lo que consideran un entorno universitario británico vulnerable a la radicalización islamista. El temor, resumido de forma directa por una de las fuentes, es que los jóvenes emiratíes puedan verse influidos por corrientes extremistas durante su estancia académica.
El Gobierno británico respondió defendiendo la autonomía universitaria y la libertad académica, al tiempo que recordaba que los casos de radicalización detectados son estadísticamente muy reducidos. Durante el curso 2023-24, sólo 70 estudiantes fueron señalados para una posible derivación al programa Prevent, en un sistema universitario que supera los tres millones de matriculados, aunque la cifra casi duplicó la del año anterior.
El trasfondo del conflicto es más amplio. Desde las revueltas árabes de 2011, Emiratos ha endurecido de forma drástica su política contra el islamismo político, tanto dentro de sus fronteras como en el plano regional. En ese contexto, Abu Dabi lleva años reprochando al Reino Unido que no haya ilegalizado a los Hermanos Musulmanes, una organización que las autoridades emiratíes consideran una amenaza directa.
Bajo el liderazgo del presidente Mohamed bin Zayed al-Nahyan, esa crítica se ha mantenido constante. El actual Ejecutivo británico, encabezado por Keir Starmer, ha señalado que la cuestión sigue bajo revisión, pese a que un informe oficial de 2015 concluyó que el grupo no estaba vinculado a actividades terroristas en territorio británico.
La polémica también se ha visto alimentada por el debate político interno en el Reino Unido. Nigel Farage, líder del partido soberanista Reform UK y bien posicionado en las encuestas, ha prometido prohibir a los Hermanos Musulmanes si llega al poder. Su reciente visita a Emiratos, financiada por el propio gobierno del país, ha añadido más leña al fuego.