Francia vive un cambio demográfico sin precedentes. Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE), la población extranjera en el país galo ha alcanzado en 2025 los seis millones de personas, el nivel más alto de su historia.
Hace apenas veinte años, la cifra se situaba en 3,6 millones. En otras palabras, el número de extranjeros residentes se ha duplicado en dos décadas. El analista demográfico Marc Vanguard, que ha examinado los datos, advierte que el crecimiento poblacional de Francia «se explica casi íntegramente por la inmigración», según cita The European Conservative.
Desde 2017, los extranjeros representan el 80 % del aumento total de la población francesa, una tendencia que se ha acelerado bajo los gobiernos de Emmanuel Macron. Sólo en 2024 llegaron 406.000 nuevos inmigrantes, superando el récord del año anterior (280.000).
El estudio revela además un desequilibrio migratorio profundo: el 60 % del aumento de la población extranjera proviene de África, frente a solo un 22 % de origen europeo. Para los expertos, esta transformación está modificando la composición cultural y social del país. «El cambio de población en Francia ya no es una teoría: es un hecho estadístico», concluye Vanguard.
A pesar de las advertencias, el Ejecutivo francés ha mantenido una política de puertas abiertas. Ni siquiera la presencia de ministros considerados de línea dura —como el actual titular del Interior, Bruno Retailleau, aliado de Macron— ha logrado frenar la tendencia.
Medios de izquierda, como 20 Minutes, han tratado de minimizar las cifras alegando que Francia sigue por debajo de la media europea en proporción de extranjeros. Sin embargo, Vanguard matiza que la inmigración francesa es única en Europa por su composición: mientras países como Suiza o Luxemburgo reciben principalmente inmigración europea y cualificada, Francia ha sostenido durante más de medio siglo un flujo masivo de origen no europeo, sobre todo africano y musulmán.
En paralelo, la revista conservadora Frontières ha publicado una investigación que denuncia la colaboración de varios municipios con proyectos de islamización local, lo que, según el informe, «acelera el cambio cultural» del país.