La violencia asociada a determinados clanes de origen inmigrante en Berlín está obligando a hospitales de la capital alemana a adoptar protocolos de seguridad extraordinarios que pueden llegar a cerrar temporalmente servicios de urgencias, movilizar decenas de policías y modificar qué sanitarios atienden a determinados pacientes.
Así lo relata a Welt un enfermero de urgencias con una década de experiencia en un hospital berlinés que ha hablado bajo el pseudónimo de Felix Wolf. El trabajador describe una realidad marcada por heridos de bala y arma blanca, familiares que llegan en masa a los centros sanitarios y un creciente temor entre médicos y enfermeros.
«Cada vez tratamos más heridas por disparos y apuñalamientos», afirma. Según su testimonio, algunos casos ni siquiera terminan incorporados a las estadísticas criminales porque la Policía no siempre interviene cuando se trata de heridas menos graves. Wolf asegura encontrarse con situaciones semejantes varias veces por semana.
«Si hay que atender a dos jóvenes árabes, no envío a dos chicas»
La inseguridad ha provocado que el personal sanitario tome precauciones que hace unos años habrían resultado impensables. El enfermero explica que dejó de utilizar una identificación visible con su nombre dentro de urgencias para evitar que pacientes o familiares pudieran localizarlo posteriormente.
También reconoce que los propios trabajadores modifican la composición de los equipos cuando esperan atender a integrantes de determinados clanes. «Si hay que atender a dos jóvenes árabes, no envío a dos chicas, sino al menos a un hombre», explica.
Wolf añade otra medida especialmente reveladora: trata de evitar que compañeros con apellidos judíos sean destinados a este tipo de casos. Según el sanitario, las decisiones obedecen al temor a posibles amenazas o agresiones dentro del hospital y no a criterios médicos.
Los heridos llegan acompañados y el hospital llama inmediatamente a la Policía
Cuando una víctima de un tiroteo vinculada a un clan aparece en urgencias, la respuesta es inmediata. «En la mayoría de los casos, los heridos llegan caminando o literalmente arrastrados por un familiar», explica Wolf.
Según su relato, determinados apellidos hacen que el personal avise automáticamente a la Policía ante el riesgo de que familiares o miembros de grupos rivales aparezcan posteriormente en el hospital. El despliegue policial puede alcanzar dimensiones extraordinarias.
Wolf asegura que ha visto llegar entre 15 y 20 vehículos policiales, con un dispositivo que puede extenderse desde el propio hospital hasta calles cercanas o incluso la estación de metro más próxima. Los agentes establecen controles de identidad, bloquean accesos y examinan los vehículos que pretenden entrar en el recinto.
Urgencias puede quedar cerrada durante horas
La principal consecuencia afecta también a los ciudadanos que no tienen ninguna relación con los enfrentamientos. Cuando se activa uno de estos protocolos, el servicio de urgencias puede quedar temporalmente cerrado a nuevos pacientes.
La Policía identifica a quienes acompañaron al herido, toma fotografías, recoge posibles pruebas y establece un dispositivo para evitar represalias. «El procedimiento suele durar varias horas. Durante ese tiempo las urgencias están temporalmente cerradas y no pueden admitir nuevos pacientes», relata Wolf.
De este modo, una pelea o un ajuste de cuentas ocurrido en las calles de Berlín puede terminar bloqueando parcialmente la atención sanitaria para el resto de la población.
Hasta 40 familiares aparecen en el hospital
El problema puede agravarse cuando empieza a llegar el entorno de la víctima. Wolf asegura haber visto casos en los que hasta 40 familiares y conocidos se presentan en el centro sanitario, en ocasiones coordinados previamente mediante grupos de Telegram.
Su objetivo, afirma, suele ser «mostrar presencia», y en determinados episodios lo hacen con una actitud agresiva. El sanitario señala que los gritos y la elevada tensión generan un fuerte estrés tanto para los trabajadores como para los demás pacientes. El riesgo aumenta especialmente cuando el herido fallece.
Wolf reconoce crudamente que el personal teme ese desenlace dentro del hospital porque podría convertir a médicos, enfermeros y policías en objetivo de la ira de familiares o miembros del clan. «Gracias a Dios, aquí nunca ha muerto ningún miembro de un clan», explica. «Puede sonar duro, pero siempre nos alegramos de que, si ocurre, muera en el lugar de los hechos y no aquí».
«Los atacantes son cada vez más jóvenes»
El enfermero describe además un cambio en el perfil de quienes protagonizan los episodios violentos. «No sólo aumenta la cantidad, sino también la gravedad», sostiene. Según su experiencia, cada vez atiende a más adolescentes implicados en ataques con cuchillo.
«A menudo trato a jóvenes de 15 o 16 años que saben exactamente dónde apuñalar para causar el mayor daño posible», afirma.
Se trata del testimonio particular de un profesional sanitario y no de una estadística oficial sobre el conjunto de los menores o inmigrantes en Alemania, pero refleja el nivel de preocupación existente entre una parte del personal de emergencias berlinés.
Hospitales con apenas un vigilante durante la noche
Pese a los riesgos, algunos centros disponen de recursos de seguridad muy limitados. Wolf asegura conocer hospitales donde durante la noche sólo hay un vigilante de seguridad para cubrir las instalaciones. Por ello, cuando aparece un caso relacionado con violencia organizada, el personal depende principalmente de la Policía de Berlín.
El enfermero elogia la rapidez con la que actúan los agentes, aunque denuncia que posteriormente algunas imágenes de las intervenciones policiales son utilizadas fuera de contexto para cuestionar sus actuaciones.
Critica que se obligue a los sanitarios a aprender a convivir con la violencia
Muchos hospitales ofrecen cursos de defensa personal y reducción de conflictos para preparar al personal frente a posibles agresiones. Wolf cuestiona ese enfoque.
«¿Por qué debo adaptarme yo a una situación que existe porque la otra persona no ha aprendido a comportarse decentemente?», se pregunta. A su juicio, estas políticas corren el riesgo de trasladar la responsabilidad al trabajador sanitario en lugar de exigir consecuencias a quien protagoniza las agresiones.
El desgaste está teniendo además consecuencias laborales. Según su experiencia, numerosos trabajadores de urgencias permanecen actualmente sólo cinco o seis años antes de trasladarse a otros servicios o abandonar el sector debido al estrés y las condiciones de trabajo.
«No tenemos estos problemas con otros grupos»
El enfermero también denuncia las dificultades para hablar públicamente del perfil de determinados responsables de estos episodios. «Quien menciona estas cuestiones e identifica claramente al tipo de personas que las provoca recibe inmediatamente una reprimenda: “Eso no se puede decir así, estás generalizando”», afirma.
Wolf reconoce que existe el riesgo de generalizar, pero añade: «Simplemente no tenemos estas dificultades con otros grupos de personas». Asegura además que ha recibido acusaciones de racismo por plantear este tipo de problemas.
No obstante, rechaza responsabilizar al conjunto de los inmigrantes y advierte expresamente contra convertir los problemas generados por ciertos clanes en una condena general de toda la inmigración.