Las autoridades de Noruega investigan la posible implicación del régimen de Irán en el atentado con bomba registrado recientemente frente a la embajada de Estados Unidos en Oslo, un ataque que ha encendido las alarmas de seguridad.
La explosión tuvo lugar el pasado 8 de marzo en las inmediaciones de la sede diplomática estadounidense en la capital noruega, Oslo. Días después del atentado, la policía detuvo a tres hermanos de origen iraquí, acusados de participar en el ataque. Posteriormente, la madre de los sospechosos también fue imputada por su presunta implicación.
El fiscal del caso, Christian Hatlo, explicó en rueda de prensa que los investigadores están analizando diferentes hipótesis sobre el origen del atentado, entre ellas la posible participación indirecta de un actor estatal. «Una de las líneas de investigación es determinar si este ataque pudo realizarse a petición de un Estado», señaló Hatlo.
Mientras continúa la investigación en Noruega, las autoridades de Suecia han advertido de que el atentado podría reflejar una amenaza más amplia contra intereses estadounidenses, israelíes y judíos en Europa en el actual contexto de tensiones internacionales.
El jefe de la unidad de investigación del Departamento Nacional de Operaciones de la policía sueca, Niclas Andersson, aseguró que las fuerzas de seguridad están siguiendo con atención la evolución de la situación. «Es evidente que existen amenazas contra intereses estadounidenses, israelíes y judíos en Suecia», afirmó Andersson.
Según explicó, las autoridades están evaluando medidas adicionales de seguridad, entre ellas el refuerzo de la protección en embajadas y en instituciones vinculadas a la comunidad judía.
Los investigadores también están analizando la posibilidad de que redes criminales estén siendo utilizadas como intermediarias para ejecutar ataques violentos por encargo de actores estatales. De acuerdo con Andersson, los servicios de seguridad sospechan que el régimen iraní podría recurrir a organizaciones criminales para llevar a cabo este tipo de operaciones, lo que permitiría mantener cierta distancia con los ataques.
Los cuerpos de seguridad señalan que estas redes operan cada vez más a través de canales digitales y grupos de chat donde se publican encargos para cometer actos violentos, un modelo que los investigadores describen como «violencia como servicio».