El gobierno izquierdista de Berlín se dispone a celebrar una ruta bautizada como «Decolonizar la Navidad», un proyecto que pretende reescribir la historia de la tradición cristiana en clave ideológica. El recorrido se realizará en el jardín navideño de la iglesia Friedenskirche de Charlottenburg y ha sido financiado por el Gobierno regional a través del Departamento de Cultura y Cohesión Social. Los organizadores aseguran que su objetivo es mostrar lo que consideran los «elementos coloniales y discriminatorios» presentes en el relato tradicional del Nacimiento de Cristo.
Los promotores de la iniciativa sostienen que figuras como los Reyes Magos o la búsqueda de posada reflejarían una visión complaciente con estereotipos culturales del pasado, y abogan por una reinterpretación «crítica» de esas imágenes. Según ellos, la Navidad necesita adaptarse a una sociedad más diversa y plural, despojándose de lo que consideran símbolos de una tradición cristiana eurocéntrica.
Este giro ideológico coincide con un clima creciente de presión cultural sobre los mercadillos navideños alemanes. En varias ciudades se cuestionan costumbres tradicionales, nombres de bebidas típicas y elementos festivos, a veces en nombre de la corrección política. Ejemplo reciente: algunos mercados han decidido retirar el nombre «Lumumba» de su cacao alcohólico —una tradición popular— tras acusaciones de racismo por su supuesta alusión histórica.
En paralelo a estas campañas para «descolonizar» la tradición cristiana, Alemania vive un incremento alarmante de amenazas islamistas contra los mercados navideños, un fenómeno que ha obligado a cancelar o blindar con medidas extremas decenas de eventos locales.
Desde Berlín hasta Renania del Norte-Westfalia, varios ayuntamientos han optado por suspender mercadillos —algunos con décadas de historia— tras recibir advertencias creíbles de ataques o detectar individuos vinculados al islamismo radical merodeando zonas festivas. La sombra del atentado de 2016 en el mercado de Breitscheidplatz —cuando un terrorista islamista asesinó a 12 personas con un camión— sigue marcando cada decisión de seguridad. Hoy, cada Navidad, los dispositivos policiales se multiplican, las barreras de hormigón vuelven a ocupar las plazas y la atmósfera festiva se transforma en un ejercicio permanente de vigilancia.
En varias ciudades, el impacto es aún mayor: autoridades locales reconocen que ya no pueden garantizar la seguridad plena ante amenazas que se han diversificado y profesionalizado, desde llamadas anónimas hasta mensajes en canales extremistas que animan a atacar símbolos cristianos y concentraciones civiles. En Baviera, Baja Sajonia y Hesse se han cancelado mercadillos completos, mientras otros han reducido horarios, prohibido determinados accesos o instalado detectores de metales.