Lucy Connolly fue sentenciada a 31 meses de prisión en octubre tras ser declarada culpable de «incitar al odio racial» por pedir «deportaciones masivas» en X tras el crimen de Southport, en el que murieron tres niños. La exniñera, casada con el concejal conservador Raymond Connolly, abandonó ayer la cárcel de Peterborough después de cumplir algo menos de la mitad de la condena y quedará en libertad condicional hasta que expire la pena completa.
Su mensaje, eliminado horas después de ser publicado el 29 de julio de 2024, contenía expresiones en las que pedía hacer frente a la llegada masiva de inmigrantes ilegales. La fiscalía lo consideró «amenazante y abusivo» y, tras admitir los cargos, Connolly ingresó en prisión. Ella asegura, sin embargo, que sólo aceptó declararse culpable porque desconfiaba de tener un juicio justo y porque le prometieron que así volvería antes a casa con su hija.
Nada más salir, Connolly ofreció declaraciones al Telegraph en las que denunció que fue convertida en un «chivo expiatorio político». Aseguró sentirse una «prisionera de Keir Starmer» y advirtió que estudiará emprender acciones legales contra la policía, a la que acusa de tergiversar su testimonio. «Voy a investigar esa vía, aunque necesito asesoramiento jurídico”, afirmó, añadiendo que los agentes “dieron información falsa” y manipularon lo que dijo en los interrogatorios.
El Servicio de Fiscalía de la Corona (CPS) había difundido tras su condena un comunicado con declaraciones de Frank Ferguson, jefe de la Unidad de Delitos Especiales, en el que se recogía que Connolly reconoció a los agentes que no le gustaban los inmigrantes y que los menores no estaban seguros junto a ellos. La exniñera sostiene que esas afirmaciones fueron mal presentadas y que dispone de imágenes para demostrarlo.
Connolly también se mostró crítica con el sistema judicial británico, que calificó de “doble rasero”. Comparó su caso con el del concejal Ricky Jones, acusado de incitar a la violencia pero absuelto, y lamentó que a ella no se le ofreciera la misma oportunidad de defenderse en libertad ni de recibir el mismo tipo de asesoramiento legal. «Me alegra que él tuviera la ocasión de reflexionar. Yo no tuve ese lujo», comentó.
En otra entrevista televisiva con Dan Wootton, reconoció que su publicación fue un error y que «nunca debió hacerlo», aunque rechazó ser identificada como una extremista. «No soy una activista radical, ni una matona de ultraderecha. Eso ni siquiera existe. Nos silencian llamándonos racistas para que callemos», señaló.
Se reunirá con la Administración Trump
La madre de familia, que viajará a reunirse con representantes de la Administración Trump, aseguró que el equipo estadounidense muestra «gran interés» en su caso y que son «defensores de la libertad de expresión». Connolly afirmó además que en Reino Unido aún permanecen «otros presos políticos» y pidió al Gobierno británico que deje de usarlos como ejemplo.
Su liberación se produjo ayer por la mañana, cuando fue trasladada en un taxi blanco desde la prisión HMP Peterborough tras haber cumplido el 40% de su condena, el punto que marca la salida automática bajo licencia. Su marido Ray denunció que la sentencia fue «desproporcionada y cruelmente larga» y que su esposa «ha pagado un precio altísimo por un único error».