La indignante historia de una niña de 12 años arrestada por la policía tras ser encontrada borracha y semidesnuda en compañía de un grupo de hombres pakistaníes marcó el inicio de una investigación que destaparía un escándalo de explotación sexual infantil sin precedentes en el Reino Unido. En lugar de proteger a la menor, las autoridades decidieron detenerla por estar borracha y «alterar el orden público«, lo que evidenció el fracaso sistémico en la protección de las víctimas en Rotherham.
Andrew Norfolk, periodista de The Times, fue quien sacó a la luz este caso después de que el abuelo de la menor le contactara. Este episodio se convirtió en el detonante para una exhaustiva investigación que revelaría cómo al menos 1.400 niñas habían sido víctimas de explotación sexual sistemática entre 1997 y 2013 en esta localidad del norte de Inglaterra. Norfolk había identificado patrones de abuso ya en 2010, pero encontró una «conspiración de silencio» entre las fuerzas policiales y los ayuntamientos, que se resistían a reconocer la magnitud del problema.
En 2014, el devastador Informe Jay confirmó lo que Norfolk había venido documentando durante años. Las víctimas, en su mayoría niñas británicas blancas, eran manipuladas, traficadas, rociadas con gasolina y tratadas como menos que humanas por bandas de hombres predominantemente de origen paquistaní, según el informe. Norfolk recordó cómo, antes de la publicación de la cifra oficial, él mismo estimaba que las víctimas serían unas 150. «Me quedé asombrado al escuchar al profesor Alexis Jay hablar de 1.400 niñas abusadas», confesó.
La publicación del informe tuvo un impacto sísmico, no solo en Rotherham, sino en todo el mundo. Por primera vez, un documento oficial mencionaba de manera explícita el origen étnico de los perpetradores, un tema que Norfolk admitió que había sido difícil de abordar debido a las implicaciones sociales y políticas. «No es agradable ser acusado de racista cuando sabes que lo que estás haciendo es tratar de dar voz a las víctimas», explicó el periodista, quien también temía que la historia se politizase. Las tensiones aumentaron en la región, generando protestas y enfrentamientos que aún persisten en la actualidad.
Norfolk destacó que, a pesar de las críticas iniciales, su trabajo llevó a un cambio real. La explotación sexual infantil pasó a ser una prioridad nacional para las fuerzas de seguridad, y muchos de los responsables finalmente se enfrentaron a la justicia. Entre ellos, los hombres que abusaron de Amy, una joven que denunció a 10 de sus agresores años antes de que fueran encarcelados en 2018. «Pensamos que con esa historia las autoridades reaccionarían, pero en lugar de eso intentaron investigar quién me filtró la información», recordó Norfolk.