Las ventas de Biblias en Gran Bretaña han alcanzado niveles récord, un fenómeno inesperado que marca un cambio profundo en los hábitos culturales y religiosos del país y que tiene a la Generación Z como principal motor. Tras años de estancamiento, el mercado de los textos religiosos no sólo se ha recuperado, sino que ha experimentado un crecimiento muy superior al registrado antes de la pandemia.
De acuerdo con los datos de Nielsen Bookscan, el valor total de las ventas de libros religiosos en el Reino Unido ascendió el año pasado a 6,3 millones de libras, frente a los 2,7 millones de 2019, lo que supone un aumento del 134%. En términos de volumen, el crecimiento fue del 106% en ese mismo periodo. Sólo entre 2024 y 2025, las ventas subieron un 25% en valor y un 28% en número de ejemplares.
Este repunte contrasta con la evolución anterior al Covid-19. Entre 2008 y 2019, el incremento anual de las ventas apenas superaba las 277.000 libras, lo que pone de relieve la magnitud del cambio experimentado en los últimos años. La tendencia, además, parece consolidarse: el sector de «religión» se mantiene como uno de los segmentos de no ficción comercial con mayor dinamismo, y las previsiones apuntan a un crecimiento adicional del 11% en 2025, tras haber aumentado un 6% el año anterior.
Dentro de este auge, destaca el éxito de determinadas ediciones. La traducción más vendida el año pasado fue la versión estándar en inglés publicada por Crossway, según cifras recopiladas por el grupo editorial cristiano SPCK Group.
Para Sam Richardson, director ejecutivo del SPCK Group, estos datos reflejan algo más que una moda pasajera. En declaraciones a Daily Mail, aseguró que el aumento es «una prueba clara de un cambio cultural significativo en la forma en que la sociedad británica se relaciona con la fe y la religión». A su juicio, la curiosidad intelectual y espiritual de los jóvenes de entre 18 y 28 años está impulsando un crecimiento «sólido y sostenible», especialmente en un contexto global marcado por la incertidumbre.
Richardson sostiene que la Generación Z muestra una menor inclinación a definirse como atea en comparación con sus padres y se siente más abierta a explorar la espiritualidad por cuenta propia. La experiencia de haber atravesado la pandemia durante la adolescencia y la entrada en la edad adulta en un mundo inestable —con cambios constantes en la política, la economía y la tecnología— estaría llevando a muchos jóvenes a buscar referencias y respuestas fuera del consenso dominante.
Las redes sociales han amplificado este fenómeno. En TikTok abundan los vídeos de jóvenes británicos que cuentan que han comprado una Biblia por primera vez. Algunos comparten su experiencia de «unboxing», otros relatan cómo han pasado del ateísmo a interesarse por la iglesia o por grupos de estudio bíblico, describiendo la lectura como una fuente de paz y estabilidad personal.
El aumento del interés no se limita al Reino Unido y guarda paralelismos con lo ocurrido en Estados Unidos. Según datos de Circa Bookscan, en septiembre —el mes en que fue asesinado el comentarista cristiano Charlie Kirk— se vendieron alrededor de 2,4 millones de Biblias en ese país, un 36% más que en el mismo mes del año anterior. En los primeros nueve meses de 2025, las ventas estadounidenses crecieron un 11% interanual.