Un nuevo ataque terrorista perpetrado en pleno centro de Múnich ha hecho que suenen las alarmas en Alemania a poco más de una semana de las elecciones generales. Al menos 36 personas han sido heridas —un niño de gravedad— después de que un inmigrante afgano usase un Mini Cooper blanco para atropellar a un grupo de manifestantes que protestaban por sus derechos laborales.
Según registros policiales, el joven nació en Kabul en 2001 y llegó a a Alemania en 2016 en el marco de las políticas de inmigración flexibles promovidas por Angela Merkel. A su llegada, presentó ante la Oficina Federal de Migración y Refugiados una solicitud de asilo que le fue negada, aunque no fue deportado dado que le fue otorgado un permiso de tolerancia por la situación humanitaria en Afganistán, que protege a un inmigrante de su expulsión aunque sin que reciba un permiso de residencia formal.
El pasado 22 de enero, otro inmigrante afgano de 28 años fue detenido por la Policía alemana tras un ataque con cuchillo que provocó que dos personas perdiesen la vida, entre ellas un niño, y dejó varios heridos. El agresor intentó huir por las vías del tren tras el incidente, pero fue capturado.
Un mes antes, en diciembre de 2024, un refugiado saudí embistió con un coche a una multitud en un mercado navideño de la ciudad alemana de Magdeburgo, provocando que un total de seis personas perdiesen la vida.
La policía en Alemania detuvo en junio de 2024 al autor de un ataque con un cuchillo en el que tres personas murieron y otras ocho resultaron heridas, ocurrido durante un festival en la ciudad de Solingen, en el oeste del país. En este caso, el atacante era de origen sirio.
También en verano de ese mismo año se produjo un atentado en Mannheim contra un grupo de patriotas que realizaban un acto político denunciando el riesgo de la inmigración ilegal. El autor del ataque a puñaladas fue un refugiado afgano de 25 años identificado como Suleiman A.