Lo más indignante es que las medidas de control funcionan… e inmediatamente. Es lo que han comprobado en una piscina suiza en Porrentruy, que iba a la ruina por culpa de la violencia, el acoso sexual y los constantes disturbios protagonizados por recién llegados al país desde países cuyas culturas se demuestran cada vez más incompatibles con la nuestra. En este caso, jóvenes de origen inmigrante causaban continuos problemas, incluyendo acoso sexual a niñas.
Ante la caótica situación, se tomó la drástica decisión de prohibir la entrada a extranjeros. Mano de santo: tanto los bañistas nacionales como los empleados están encantados.
Lo cuenta el 20 Minuten suizo, que informa que las ventas de abonos de temporada se han disparado tras el veto a los inmigrantes. «Todo ha salido genial», declara al rotativo suizo Lionel Maître, concejal de turismo y ocio de Porrentruy. «Los ciudadanos han redescubierto el balneario con la tranquilidad a la que se asociaba», declaró.
«Hemos visto un aumento en la venta de abonos, ya que los ciudadanos finalmente han recuperado la tan ansiada sensación de seguridad. No ha habido problemas ni nuevas prohibiciones de baño desde entonces». Maître dijo que cada vez era más evidente que los autores tenían nombres árabes. La necesidad de dispositivos de seguridad prácticamente se ha reducido a cero en la piscina.