'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

La UE rechaza abrir el debate tras el enésimo ataque de un 'loco' en Europa

 

El individuo es un refugiado afgano de 28 años de edad que «no estaba radicalizado».


El sospechoso que fue reducido por disparos de la Policía la pasada noche en la estación de tren de Gante (Bélgica) es un refugiado afgano de 28 años de edad. El hombre trató de asentar varias puñaladas a un grupo de agentes que vigilaba la zona.
Las autoridades han salido al paso de las primeras informaciones y han rechazado que estuviera radicalizado. «No era un islamista, sino un hombre con problemas mentales», aseguraron fuentes de la Fiscalía.
Una vez más, las autoridades europeas justifican el ataque de un refugiado por una supuesta tara mental que ningún responsable médico ha diagnosticado El sospechoso se encuentra ingresado en estado grave, pero su vida no corre peligro. Además fueron detenidas otras dos personas que le acompañaban.


El ataque tuvo lugar en la estación de Saint-Pierre de Gante a primera hora de la noche, cuando el refugiado entró en la terminal gritando y con un cuchillo en la mano. Los agentes que se encontraban en el lugar le pidieron que soltase el arma y, al no obedecer, abrieron fuego contra él.
«No se pueden establecer vínculos con motivos terroristas. Se sabe que es un refugiado identificado, de nacionalidad afgano y que no está fichado como radicalizado», aseguró el ministro de Interior, Jan Jambon, que confirmó que la investigación sigue su curso.
Paradójicamente, el gobierno belga decidió este lunes rebajar la alerta terrorista del nivel al 2 (sobre una escala de 4), tras más de dos años bajo riesgo «grave» de atentado y militares desplegados en las calles para reforzar la seguridad.

Radicalización en las aulas

Hace unos meses, los profesores de una escuela de preescolar de la localidad belga de Ronse expresaron su preocupación después de observar en algunos niños señales de que pueden estar expuestos a influencias islamistas radicales.
En el informe interno de la escuela se describe de manera detallada el comportamiento de estos niños, que recitan versos del Corán en árabe en el patio, no van a escuela los viernes (día sagrado para los musulmanes) y rechazan dar la mano a alguien del sexo opuesto por razones religiosas.
El documento incluye además, el caso de un niño que amenazó con matar “infieles”, llamó a otros niños “cerdos” y se pasó el dedo por la garganta mientras simulaba el movimiento de “degollar”.

Bélgica y el salafismo

La respuesta a la situación de Bélgica, además de las desacertadas políticas comunitarias, hay que buscarla más atrás en el tiempo, concretamente en la década de 1960. En aquellos años, los predicadores salafistas llegaron al país tras unos encuentros diplomáticos. El rey Balduino realizó una oferta a su homólogo saudí Faisal, que estaba de visita en Bruselas, para, a cambio de petróleo, permitir la construcción de una Gran Mezquita en el centro de Bruselas.
El esplendor económico que vivía Bélgica impulsaba entonces a muchos marroquíes y turcos a viajar al país. El acuerdo entre los dos reyes haría que la mezquita fuera el principal lugar de culto. Los saudíes lograron el alquiler del pabellón oriental de Bruselas por 99 años, a coste cero. Tan sólo un año después, el régimen de Riad abría la Gran Mezquita y el Centro Cultural Islámico de Bélgica, uno de sus primeros bastiones en el interior de Europa.
En un principio, la nueva mezquita fue considerada como “la voz oficial” de los musulmanes en Bélgica. Nada más lejos de la realidad. Las enseñanzas salafistas que se ofrecían en su interior estaban muy alejadas de la versión del islam que seguía la mayoría del país. A pesar de la crisis económica que ha obligado que muchas personas hayan abandonado el país, hay alrededor de 600.000 personas de origen turco y marroquí en un estado de apenas 11 millones de habitantes.
“La comunidad marroquí proviene de las regiones montañosas y del valle del Rift, no del desierto. Pertenecen a la escuela Maliki del Islam y son bastante más moderados que los musulmanes de Arabia Saudí”, asegura George Dallemagne, diputado del parlamento belga, que recuerda: “Gracias al acuerdo con Riad, muchos de estos hombres moderados se radicalizaron y algunos llegaron a viajar a Medina para continuar su formación”.
La falta de integración es uno de los argumentos utilizados por las élites europeas para justificar el islamismo radical y los atentados en suelo europeo. Dallemagne explica cómo, tras la apertura de la Gran Mezquita, los clérigos sauditas incitaban a todos los inmigrantes a “alejarse” de los ciudadanos del país. “Siempre pensamos en Arabia Saudí como un aliado, pero pero los saudíes mantienen un doble discurso: quieren una alianza con Occidente cuando se trata de la lucha contra los chiítas en Irán, pero quieren conquistar el resto del mundo con su religión”, sentencia.
 
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