Un joven de 20 años de origen indio llamado Jashandeep Badhan será juzgado plenamente imputable por el asesinato de Sara Centelleghe, una joven de 18 años, tras concluir los informes psiquiátricos que tenía intactas sus capacidades mentales cuando cometió el crimen. Esta valoración, compartida tanto por el perito designado por el tribunal como por el experto de la fiscalía, despeja el camino hacia una posible condena de cadena perpetua, cuyo fallo se espera el 22 de abril.
Los especialistas detectaron en el acusado algunos trastornos de personalidad, así como consumo de drogas como cocaína o cannabis, pero descartaron que estas circunstancias influyeran en su conducta aquella noche. Según los informes, presentaba dificultades para controlar la ira y ciertos rasgos narcisistas, aunque sin llegar a anular su responsabilidad penal.
El crimen se produjo en la vivienda de la víctima, en Costa Volpino, donde Sara residía junto a su madre. Aquella noche, la joven celebraba una reunión con amigos cuando se desencadenaron los hechos. Badhan, que había quedado con una amiga de la víctima para un intercambio de drogas, no acudió al punto acordado. En lugar de ello, accedió al edificio por su cuenta con la intención de robar sustancias que creía que se encontraban en el interior del piso.
Mientras registraba la casa, el ruido despertó a Sara. La reacción fue inmediata y trágica: tras un primer forcejeo, el agresor la atacó con unas tijeras, asestándole decenas de puñaladas. Los peritos concluyeron que la joven intentó defenderse antes de ser finalmente estrangulada. El atacante huyó después por el garaje del edificio, mientras que una amiga encontró el cuerpo poco después y dio aviso a las autoridades.
Desde el inicio de la investigación, Badhan reconoció su implicación, aunque alegó haber consumido diversas sustancias para justificarse. Sin embargo, los informes periciales han rechazado esa versión como atenuante. El juicio, ya en su fase final, se centra ahora en la calificación definitiva de los hechos.
El caso ha dejado una profunda huella en el entorno de la víctima. Su madre expresó el dolor irreparable tras conocer las conclusiones psiquiátricas: nada cambia, afirmó, porque su hija no volverá. En los actos de homenaje organizados en su memoria, amigos y compañeros recordaron a Sara como una joven con aspiraciones, que soñaba con dedicarse a la medicina y que afrontaba su futuro con ilusión.
La brutalidad del asesinato y su impacto social han reabierto el debate público en Italia, donde algunas voces han criticado la escasa atención mediática al caso. Mientras tanto, la familia y el entorno de Sara continúan intentando asimilar una pérdida que consideran imposible de reparar.