Una filtración ha puesto en aprietos al entorno del eurodiputado socialista francés Raphaël Glucksmann, una de las figuras emergentes de la izquierda en Francia, después de revelar que su equipo estudió una estrategia electoral que dejaba fuera, al menos de forma inicial, a jóvenes, rentas bajas y vecinos de los barrios periféricos.
El documento interno, de 48 páginas, fue elaborado en marzo de 2026 por el laboratorio de ideas Destin commun y el instituto demoscópico Cluster 17. Según publicaron Politico y France Télévisions, el informe analizaba cómo Glucksmann podría alcanzar el 20% de los votos en las presidenciales francesas de 2027 y reunir al menos 7,5 millones de apoyos.
Glucksmann lidera Place Publique, una formación progresista, europeísta y cercana al Partido Socialista francés. En las elecciones europeas de 2024 quedó en tercera posición en Francia, por detrás del Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen y del bloque macronista, y desde entonces intenta presentarse como una alternativa de izquierda «responsable» frente al radicalismo de Jean-Luc Mélenchon.
La estrategia filtrada dividía al electorado en tres grandes grupos. El primero era el de los votantes ya convencidos, representados en el informe por el perfil ficticio de una profesora de literatura de 57 años, voluntaria en una asociación de ayuda a inmigrantes y culturalmente alineada con el universo progresista urbano.
El segundo grupo incluía a votantes de izquierda que podrían dudar entre Glucksmann y otros dirigentes como Marine Tondelier, de Los Ecologistas, o François Ruffin, procedente del espacio de la izquierda populista. El tercer bloque buscaba la «conquista del centro», con electores preocupados por la inestabilidad política y el poder adquisitivo.
La parte más polémica del informe es la que señalaba a los votantes más difíciles de movilizar y recomendaba dejarlos de lado «por ahora». En esa categoría aparecían los jóvenes de 18 a 25 años, quienes cobran menos de 1.500 euros mensuales, los habitantes de las banlieues —los barrios periféricos franceses, muchas veces marcados por pobreza, inmigración y conflictividad social— y varias regiones enteras como Hauts-de-France, Provenza-Alpes-Costa Azul, Córcega y Gran Este.
La filtración ha resultado especialmente incómoda porque golpea el corazón del discurso de la izquierda. Glucksmann aspira a representar una opción progresista, social y europeísta, pero el documento sugiere que su prioridad electoral no estaría en los sectores populares, sino en clases medias urbanas, votantes progresistas acomodados y antiguos simpatizantes del macronismo.
Su entorno ha intentado rebajar la polémica. Fuentes próximas al eurodiputado calificaron el informe como una fotografía «fría» de la situación, admitieron que la síntesis era «caricaturesca» y «muy torpe», y aseguraron que Glucksmann había pedido retirar la página sobre los «votantes a evitar» antes de presentarla a responsables del partido.
Desde su equipo insisten en que «no es en absoluto su estrategia» y que Glucksmann quiere dirigirse a todos los franceses. También sostienen que ningún electorado pertenece por naturaleza ni a La Francia Insumisa de Mélenchon ni al Reagrupamiento Nacional de Le Pen.
La Francia Insumisa aprovechó rápidamente la filtración para cargar contra él. La diputada Clémence Guetté afirmó que el documento confirma que Glucksmann «nunca ha querido ser un candidato de izquierda» y que busca encarnar una suerte de renovación macronista, abandonando a trabajadores, pobres y jóvenes.
Glucksmann todavía no ha anunciado oficialmente su candidatura presidencial, aunque prepara un mitin para el 13 de junio y la publicación de un libro a comienzos del verano, dos pasos interpretados en Francia como el inicio de su carrera hacia el Elíseo.