La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha despedido al dimitido primer ministro británico, Keir Starmer, con un elogio de extraordinaria intensidad política: lo ha definido como un «estadista» y le ha atribuido el mérito de haber hecho «más fuerte» la seguridad de Europa y Ucrania.
El mensaje fue difundido apenas unos minutos después de que el dirigente laborista anunciara su salida del Gobierno británico. «A muchos líderes les lleva años crecer hasta convertirse en el estadista en que te has convertido en sólo dos años», escribió Von der Leyen en las redes sociales.
La presidenta de la Comisión añadió que «la seguridad europea y ucraniana son más fuertes» gracias al papel desempeñado por Starmer y cerró su mensaje con un afectuoso «gracias, querido Keir».
El tono de la despedida confirma la estrecha sintonía alcanzada entre dos dirigentes que, desde Bruselas y Londres, han defendido una mayor integración política, militar y diplomática de Reino Unido con las estructuras comunitarias tras el Brexit.
El favorito de Bruselas en Downing Street
Starmer convirtió el restablecimiento de las relaciones con la Unión Europea en uno de los principales ejes de su mandato. Bajo su Gobierno, Londres buscó reducir las fricciones heredadas de la salida del bloque y recuperar una cooperación más estrecha con las instituciones comunitarias.
Ese acercamiento fue recibido con entusiasmo por Von der Leyen, que encontró en el líder laborista un interlocutor mucho más próximo a las prioridades de Bruselas que los anteriores gobiernos conservadores.
El elogio como «estadista» no sólo funciona como despedida personal. También representa el reconocimiento del aparato comunitario a un dirigente británico que trabajó para suavizar las consecuencias políticas del Brexit y acercar nuevamente al país a la órbita de la Unión Europea.
La felicitación resulta todavía más significativa porque llega tras una dimisión que pone fin a un mandato de apenas dos años. Pese a su corta permanencia en Downing Street, Von der Leyen presenta a Starmer como una figura de talla histórica, obviando las profundas críticas internas acumuladas por su Gobierno.