Meliá abandonará por completo Cuba después de tres décadas de actividad en la isla. La multinacional española dejará de gestionar y comercializar sus hoteles el próximo 24 de julio ante las dificultades económicas, legales y operativas del país y la creciente presión de Estados Unidos sobre el entramado turístico controlado por el régimen castrista.
La compañía ha comunicado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) el cese de sus operaciones en Cuba, donde llegó a gestionar 34 hoteles con unas 14.000 habitaciones. Meliá atribuye la decisión a «las notables dificultades de carácter operativo, legal, económico y financiero que persistentemente han venido y vienen afectando al entorno de ese país».
Estas circunstancias, según la hotelera, «imposibilitan de hecho y de derecho una mínima estabilidad operativa en sus actividades». La empresa evita señalar una única causa, aunque reconoce que las últimas medidas estadounidenses han afectado de forma significativa a su negocio.
El pasado 7 de mayo, durante la presentación de sus resultados del primer trimestre, Meliá comunicó que había cerrado el 50% de su capacidad en Cuba como consecuencia del bloqueo comercial de Estados Unidos. Su informe financiero también señalaba que la actividad en la isla había quedado «comprometida de forma significativa» por la intervención estadounidense en la zona a comienzos de año.
La presión de Washington constituye así el detonante inmediato de la retirada, pero se produce sobre un sector turístico ya hundido. Cuba recibió durante el primer trimestre de 2026 apenas 298.057 visitantes internacionales, un 48% menos que en el mismo periodo del año anterior. La ocupación hotelera cayó hasta el 12,9% y los ingresos turísticos retrocedieron un 42,4%.
Los establecimientos de Meliá registraron una ocupación del 34,1%, 6,5 puntos por debajo de la anotada durante el primer trimestre de 2025. El desplome refleja las dificultades de una industria fundamental para la entrada de divisas en la isla.
A comienzos de junio, la compañía anunció que abandonaba la gestión de 15 hoteles, entre ellos el Gran Hotel Bristol Habana Vieja, el Paradisus Varadero y el Sol Varadero Beach. La decisión llegó después de que Estados Unidos amenazara con sancionar a las empresas extranjeras que operasen en Cuba vinculadas a GAESA, el principal conglomerado empresarial del país, propietario de infraestructura hotelera y controlado por las Fuerzas Armadas.
Washington elevó de nuevo la presión el 13 de julio al incluir al Ministerio de Turismo cubano en la lista de Nacionales Especialmente Designados y Personas Bloqueadas. La medida incrementó el riesgo de sanciones secundarias para las compañías extranjeras relacionadas con la actividad turística de la isla.
La operativa de Meliá en Cuba corre a cargo de Ilha Bela Gestão e Turismo, su filial portuguesa. A partir del 24 de julio, esta sociedad dejará de prestar servicios de gestión y comercialización hotelera. La retirada también afectará al uso autorizado de las marcas de la compañía, a la actividad receptiva y a la cadena local de suministro.
El impacto sobre las cuentas del grupo se conocerá con la publicación de los resultados correspondientes al primer semestre de 2026. La filial portuguesa trabaja en una transición ordenada para reducir las consecuencias sobre trabajadores, proveedores y clientes.