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LA TIRANÍA SE CONSOLIDA

Más presos políticos y persecución a la Iglesia: la dictadura de Ortega se afianza en el poder

El obispo nicaragüense Rolando Álvarez. Twitter

La violencia política que atraviesa Nicaragua se torna cada vez más difícil. La dictadura sandinista logró instaurar un régimen monopartidista, controla todas las alcaldías y los poderes del Estado.

La lista de los presos políticos aumentó a 235, una situación que agrava la crisis de derechos humanos en el país con la complicidad del Ejército y la Policía.

La impunidad campea en la nación centroamericana. A pocos días de finalizar el año, el obispo de la diócesis de Matagalpa, Administrador Apostólico de la diócesis de Estelí, y secretario de medios de comunicación de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, monseñor Rolando Álvarez, fue llevado ante un juez de la dictadura. El régimen lo exhibió haciendo circular su fotografía en los medios oficialistas, lo acusa de “conspiración para cometer menoscabo a la integridad nacional y propagación de noticias falsas”, y le decretó casa por cárcel.

Hasta ahora el Vaticano guarda silencio ante los atropellos de Ortega contra los representantes de la Iglesia Católica. Una decena de religiosos están presos, son rehenes del régimen sandinista, mientras otros siete están en el exilio debido a la persecución.

Ortega avanza en la consolidación de la tiranía y su proyecto dinástico con el apoyo de los fusiles. Mientras, miles de nicaragüenses han decidido emigrar y tienen como principal destino Estados Unidos. A medida que el éxodo aumenta las remesas también: un apartado que desde enero hasta octubre de este año generó 2,578 millones de dólares, un incremento del 47.6% en comparación al mismo periodo en 2021, convirtiéndose en la segunda fuente de ingresos externos del país, lo que sin dudas contribuye al fortalecimiento de la dictadura.Por ahora no se vislumbra una salida a la crisis, mientras la vida de los presos políticos está en constante riesgo.

Su participación en la guerra contra la primera dictadura sandinista (1979-1990) y su posterior participación en la política le han dado a Luis Fley, exjefe de la “Contra”, el conocimiento, la experiencia y los argumentos para decir claramente que Daniel Ortega no va a dejar el poder por las buenas. Un argumento que círculos de la oposición, incluyendo el sandinismo disidente que gobernó con Ortega, no comparte. Sostienen que la salida de la tiranía sandinista debe ser “pacífica”.

“El poder no lo va a soltar, para sacarlo no va a ser fácil y desafortunadamente creo que habrá nuevamente derramamiento de sangre”, afirma Fley.

Un sacrificio demasiado alto por el que han pagado con sus vidas miles de nicaragüenses desde 1979, inicialmente contra la guerra al régimen de Anastasio Somoza, luego contra la primera dictadura sandinista, y más recientemente en medio de la masacre contra civiles durante las protestas de abril de 2018, que dejaron más de 355 muertos producto de la represión. Los organismos de derechos humanos han documentado que Ortega cometió crímenes de lesa humanidad.

El dictador nicaragüense sigue cometiendo graves violaciones a los derechos humanos frente a una comunidad internacional que poco reacciona. Se limita a comunicados de condena, resoluciones y sanciones que hasta ahora no han causado mayor efecto a la dictadura, sostiene Fley.

A Ortega, no le importa, no le hace ninguna mella. Está decidido a mantenerse en el poder y hemos visto sus acciones. Me tratan de guerrerista, pero la única medicina que entiende Daniel Ortega, que es efectiva para ese mal que él representa, que es la violencia. Es triste decirlo y reconocerlo, algunos me tratan muy mal porque digo esto, pero por ahora no se ve otra realidad”, explica Fley.

“A Ortega no le importa estar aislado, no le importan las sanciones. Todo sigue igual, ocupando el poder. Lo he dicho muchas veces, mientras no seamos capaces de crearle una crisis a la dictadura, no vamos a tener resultados. Muchos están soñando que el diálogo es la salida. A él no le importa el diálogo y no hay una fuerza coercitiva que lo obligue a sentarse en una mesa”.

Para Fley, la migración se ha convertido en el gran negocio de la dictadura. Como se ha señalado, los ingresos por concepto remesas van en aumento y fortalecen la economía local.

“Los nicaragüenses tenemos responsabilidad en lo que sucede porque hemos sido incapaces de unirnos. Importan más los intereses de grupos y de personas”, afirma Fley. A su juicio eso ayuda a la dictadura.

Cree que la única salida que está dejando Ortega es una rebelión igual a la que, paradójicamente, sucedió en los años 80.

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