Coronavirus: Por qué Holanda no puede darnos lecciones

Amsterdam, Holanda

Desde el inicio de la crisis, Holanda ha sido puesto como ejemplo de país virtuoso y responsable, de ahí su rechazo a participar en el esfuerzo europeo. El bajo número de horas trabajadas y su tasa de deuda lo convierten, sin embargo, en un país de “cigarras”, nos recuerdan las economistas Isabelle Salle y Dany Lang.

«No puedo explicar a mi opinión pública que Holanda deba pagar porque otros no han sido virtuosos», declaró el 8 de abril el inflexible ministro de economía holandés, Wokpe Hoekstra, durante las discusiones preparatorias del Eurogrupo, en vista de encontrar un acuerdo entre los países europeos respecto a una ayuda económica a los países más afectados por la epidemia del Covid-19, Italia y España a la cabeza.

Esto significaría que, por un lado, están las hormigas, representadas por los países del Norte (Holanda, Alemania, Finlandia, etc.), virtuosos porque están poco endeudados en materia de deuda pública, trabajadores y prósperos; por el otro, las cigarras, representadas por los países del Sur (Italia, Grecia, España, Portugal y, en menor medida, Francia), despilfarradores, reacios al trabajo y fuertemente endeudados. Esta lectura de Europa, llena de clichés, no es nueva. Se repitió hasta la saciedad durante la crisis financiera de 2008 y, después, en la del euro de 2009 a 2011. Este cliché parece incluso haber encontrado un cierto eco en nuestra clase política, sobre todo entre los diputados europeos del Partido Popular Europeo (de derechas) y de Renew (grupo que incluye LREM-La République en marche). Pero, ¿es real? Algunas cifras nos permiten cuestionar ampliamente esta fábula.

LOS HOLANDESES (Y HOLANDESAS) SON LOS QUE MENOS TRABAJAN EN EUROPA

Como muestra el gráfico publicado más abajo, los holandeses trabajan mucho menos que el resto de europeos. Respecto a la jornada laboral completa, de media trabajan menos tiempo que el resto de asalariados de los demás países; pero, sobre todo, más de un tercio de los trabajadores holandeses tienen un empleo a tiempo parcial, una cifra que es, de lejos, las más elevada de la OCDE. Esta situación es debida, sobre todo, al comportamiento de las mujeres: el 60% de las holandesas trabaja menos de 30 horas a la semana, algo que sólo pueden hacer un tercio de las mujeres de los países en el seno de la OCDE. Es el caso de la mitad de las alemanas, contra el 40% de las italianas, el 30% de las francesas y las españolas, el 25% de las griegas y menos de una portuguesa sobre seis.

FUENTE OCDE

Insistimos sobre el hecho de que esta situación es el resultado de una elección en el Norte: sólo el 6% de los holandeses que trabaja a tiempo parcial desearía trabajar más y este país está en una situación cercana al pleno empleo, con sólo un 3% de paro según un informe de la OIT de enero de 2020, contrariamente a sus vecinos del Sur, donde los dos tercios de los trabajadores subempleados buscan una jornada laboral completa, difícil de conseguir a causa del paro endémico. Esta situación se verifica sea cual sea el indicador utilizado, ya sea las horas anuales trabajadas como las bajas por enfermedad: los griegos trabajan de media 50% más que los países del Norte y tienen menos absentismo laboral. Observemos que las diferencias de productividad en el trabajo no bastan para explicar estas divergencias en materia laboral: un trabajador francés no es menos productivo que un trabajador holandés.

LOS HOLANDESES SON LOS MÁS ENDEUDADOS DE LA ZONA EURO…

Si los holandeses trabajan tan poco, ¿cómo financian sus gastos? Es interesante, a este punto, abordar el tema de la deuda. Por razones históricas muy conocidas, Alemania está obsesionada por el endeudamiento público. Sin embargo, el tema de las deudas privadas (de los hogares y las empresas), merece que nos detengamos en él. Como muestra el gráfico publicado más abajo, si consideramos la deuda en conjunto, tanto privada como pública, Holanda está tan endeudada como Grecia y mucho más que España o Italia. Estas cifras deberían serle familiares al ministro de economía holandés, puesto que están sacadas, entre otros, de la consultora McKinsey, en la que él trabajó, por lo que es difícil sospechar de deriva estatista.

El nivel de endeudamiento de Holanda se debe, especialmente, a la deuda colosal que tienen los hogares. Es habitual comparar esta deuda, no con el PIB, sino con los ingresos anuales de los hogares, porque es directamente imputable a los mismos. El gráfico revela, así, que los hogares holandeses son los más endeudados de la zona euro (e incluso los segundos más endeudados a nivel mundial después de los daneses).

FUENTE OCDE

Los hogares holandeses están dos veces más endeudados que el hogar medio de Estados Unidos (105%) que corresponde, en el imaginario colectivo, al prototipo de consumo mediante el endeudamiento. Y están también dos veces más endeudados que sus vecinos griegos o españoles, e incluso casi tres veces más que los italianos.

Como en todas partes, la cuasi totalidad de la deuda de los hogares procede de los préstamos hipotecarios. En Holanda se trata de la adquisición de la residencia principal, puesto que la inversión de alquiler está poco extendida. Este nivel de endeudamiento es muy sorprendente si lo relacionamos con los precios de los inmuebles, que son mucho más bajos en Holanda que en los países del Sur de Europa: en Holanda, un piso de 90 mq. se compra con algo más del equivalente a siete años de salario medio (a tiempo completo); en Alemania, España o Italia se necesitan más de nueve años; casi once años en Grecia y hasta trece en Francia o Portugal. Este nivel de endeudamiento es incluso más sorprendente si tenemos en cuenta el índice de hogares que son propietarios de su vivienda, menor en Holanda que en los países del Sur.

Las autoridades holandesas suelen objetar que hay que relativizar este endeudamiento porque la riqueza de sus hogares se mantiene fundamentalmente por sus abundantes fondos de pensiones. Ahora bien, la deuda de los hogares no puede compararse directamente con los fondos. De hecho, los activos de los fondos de pensiones no son en absoluto activos líquidos, y podemos incluso decir que esta riqueza no pertenece realmente a los hogares (no forma parte de sus activos), contrariamente a la deuda, de la que son directamente responsables (aparece en sus pasivos). Así, un capital en un fondo de pensiones no es como una libreta de ahorros que podemos vaciar para pagar una deuda; nadie puede retirar su parte o incluso utilizarla como contrapartida para obtener un préstamo bancario. Estos capitales, resultado de las contribuciones a las pensiones a lo largo de toda la vida laboral, son invertidos en los mercados financieros y sólo los rendimientos generados pueden ser abonados a los hogares para pagar sus pensiones.

Además, el total de las pensiones tampoco está garantizado porque los rendimientos del capital están sometidos a las fluctuaciones del mercado. En caso de hundimiento de los mismos, este capital ya no vale nada. Para limitar los riesgos de pérdida de capital -puesto que estos capitales no están garantizados-, los fondos de pensiones se han invertido en su mayoría en activos considerados seguros, sobre todo bonos del Tesoro europeo. Ahora bien, un decenio de índices muy bajos (es decir, negativos en los bonos del Tesoro de Alemania) tras la crisis de 2008, y que aún no han remontado del todo, ha socavado seriamente la capacidad de estos fondos de pensiones de hacer frente a sus compromisos y abonar las pensiones prometidas.

… ¡Y NO PARECE QUE TENGAN LA INTENCIÓN DE PAGAR SUS DEUDAS!

Pero lo más interesante está aún por llegar, si observamos los montajes financieros alambicados de los hogares holandeses. En Holanda, no es usual aportar una parte del valor de la vivienda cuando se adquiere la residencia principal. Al contrario, hasta hace poco, los compradores tenían la costumbre de pedir prestado el 125% del precio de compra, a pesar de que los gastos de notario son muy razonables (2%). El gobierno ha disminuido progresivamente este índice al 100% en 2018, tras el hundimiento del mercado inmobiliario en 2009-2013, ignorando las recomendaciones del FMI y de su propio banco central de obligar a los compradores a aportar, de su bolsillo, al menos el 10% del precio de la compra de su casa.

Pero esto no acaba aquí: más del 90% de los préstamos hipotecarios holandeses no han sido totalmente amortizados. En palabras pobres, las sumas que se han pedido prestadas no serán totalmente reembolsadas al final del préstamo (lo más habitual es al cabo de treinta años). Dos tercios de los préstamos ni siquiera requieren el pago de los intereses de la suma prestada. ¡Ni tampoco la suma principal! Situación muy cómoda porque, además, los intereses de la suma prestada son deducibles a nivel fiscal. Pero, ¿qué pasa al cabo de los treinta años? No lo sabremos hasta que no venzan los primeros préstamos, en unos años.

La inflación, aunque ha sido muy débil en el último decenio, puede reducir el valor real de las sumas prestadas, máxime considerando que los salarios se calculan, en parte, gracias a un mercado de trabajo dinámico y a unos sindicatos que tienen mucha fuerza; sin embargo, es netamente insuficiente para resolver por sí sola esta situación. La garantía de tener una renta universal sustanciosa a partir de los 67 años (AOW-Ley General de Pensiones de Vejez, unos 1.000 euros netos al mes), independientemente del número de años trabajados, no ayuda a que los hogares paguen sus deudas, porque la perspectiva de tener esa renta garantizada da a los hogares la esperanza ilusoria de mantener sus ingresos en el momento de la jubilación.

Podemos afirmar que es una situación preocupante con respecto a la experiencia histórica, porque debemos recordar que las crisis financieras tienen su origen más a menudo en las deudas privadas que en las deudas de los Estados. El endeudamiento masivo de los hogares holandeses parece, en cualquier caso, inquietar a los bancos. Es una situación grotesca: la asociación de bancos holandeses (NVB) difunde anuncios publicitarios en la televisión en las horas de máxima audiencia para alentar a los hogares a reembolsar una parte de las sumas colosales que han pedido prestadas. Esta situación no tiene nada de alemana.

HOLANDA ES TAMBIÉN UN “PARAÍSO FISCAL” EN EL CORAZÓN DE EUROPA

Por último, recordemos que nuestro vecino del Norte consigue una parte no indiferente de su riqueza de su condición de “paraíso fiscal”, a pesar de que sus habitantes insisten en negarlo. Los activos de las 15.000 empresas llamadas “buzón”, es decir, que disponen de una dirección en Holanda pero no realizan ninguna actividad ni crean empleos, suman 4.500 millones de euros, lo que representa 4,5 veces el PIB de este pequeño país. Empresas como Airbus -cuyas actividades productivas se distribuyen entre Francia, Alemania y España-, la alianza franco-nipona Renault-Nissan-Mitsubishi o la fusión reciente entre la italiana Fiat y la estadounidense Chrysler, poseen su sede en las orillas del mar del Norte. Un número desconocido -al ser confidencial- de empresas multinacionales se benefician de acuerdos fiscales favorables cuyos términos, también confidenciales, se negocian directamente con las autoridades holandesas.

Hay mucho por decir. Podríamos, por ejemplo, pedirle al ministro Hoekstra, que se ha apresurado a exigir la apertura de una investigación europea sobre el supuesto fracaso de los hospitales lombardos y madrileños, que nos explique la débil dotación de los hospitales holandeses en lo que respecta a las famosas camas de las unidades de cuidados intensivos. Efectivamente, los holandeses gastan un 50% más en su sistema de salud que los italianos o españoles, pero disponen de la mitad de camas. Esto podría explicar por qué el gobierno Rutte había apostado, en principio, por la inmunización colectiva, antes de dar marcha atrás presionado por sus vecinos europeos, con Alemania a la cabeza, que mientras tanto ya había acogido a más de 50 enfermos holandeses positivos en Covid-19.

Para concluir, nuestra intención no consiste en afirmar que el hecho de que los holandeses trabajan, de media, menos que los demás es algo malo. Se trata de una elección social que, probablemente, contribuye a la situación de pleno empleo de la que goza este país. Pero la comparación de su jornada laboral con la de los países del Sur permite claramente acabar con la idea de que los países del Norte trabajan para los países del Sur. Tampoco queremos sugerir que, en sí misma, la deuda es condenable. El endeudamiento público es necesario para financiar los proyectos colectivos, preparar el futuro y amortiguar las crisis. Asimismo, el endeudamiento privado es necesario para permitir que los hogares financien sus proyectos y para que las empresas inviertan. Sin embargo, la solvencia de los préstamos es fundamental y los riesgos deben estar muy bien calculados para evitar el hundimiento, más peligroso aún en el contexto actual de economía globalizada y conocedora de crisis sistémicas recurrentes, que la crisis del Covid-19 y el parón de las economías durante varias semanas no contribuirá a mejorar. Por lo tanto, ¡está permitido dudar del carácter sostenible y sano de la deuda privada holandesa! En lo que respecta a las cuestiones económicas, tanto la postura de quienes dan lecciones como el comportamiento actual de los dirigentes holandeses son, como mínimo, inoportunos, sobre todo porque el “paraíso fiscal” del que provienen contribuye a generar activos sustanciosos para su país a expensas de los ingresos fiscales de otras naciones europeas.

 

Isabelle Salle es profesora e investigadora en la Escuela Económica de Amsterdam.

Dany Lang es docente en la Universidad de la Sorbona París Norte.

 

Publicado en Le Figaro.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

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