El régimen iraní ha designado a Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo tras la muerte de su padre, el ayatolá Alí Jamenei. La decisión de la Asamblea de Expertos, el órgano religioso encargado de elegir al máximo dirigente del país, ha provocado una reacción inmediata de rechazo en las calles de Teherán, donde imágenes difundidas en redes sociales muestran a mujeres coreando «¡Muerte a Mojtaba!».
La designación del hijo del antiguo líder —de 56 años y sin cargos oficiales previos dentro de la estructura del Estado— ha sido interpretada por muchos iraníes como una continuidad directa del régimen que gobierna el país desde hace décadas. Mojtaba Jamenei mantiene estrechos vínculos con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), una de las estructuras más influyentes del régimen.
El propio CGRI reaccionó con rapidez al nombramiento. En cuestión de horas prometió obediencia total al nuevo líder y aseguró que actuará con plena lealtad y autosacrificio para cumplir sus órdenes. También expresaron su respaldo el presidente Masoud Pezeshkian, las fuerzas armadas y el poder judicial, que se alinearon públicamente con la sucesión.
La situación se produce en un momento de enorme tensión internacional. Desde Washington, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una advertencia directa sobre el futuro político del nuevo dirigente iraní. En declaraciones a ABC News calificó a Mojtaba Jamenei de «peso ligero» y señaló que su permanencia en el poder dependerá de la postura estadounidense. «Tendrá que obtener nuestra aprobación. Si no la obtiene, no durará mucho«, afirmó.
Israel trasladó un mensaje similar. Funcionarios militares israelíes aseguraron que no dudarán en actuar contra Irán si lo consideran necesario, en medio de la creciente escalada en la región.
En el lado opuesto, el presidente ruso Vladimir Putin expresó su respaldo al nuevo liderazgo iraní. En un mensaje dirigido a Mojtaba Jamenei reiteró el «apoyo inquebrantable» de Moscú a Teherán y afirmó que Rusia seguirá siendo un socio fiable para el país.
Mientras tanto, el conflicto sigue teniendo consecuencias en el Golfo. Irán ha intensificado ataques contra infraestructuras energéticas que han afectado a instalaciones petroleras en Baréin, Catar y Kuwait. El complejo Al Ma’ameer de Baréin sufrió daños graves, lo que llevó a la empresa estatal Bapco a declarar fuerza mayor.
La tensión ha tenido impacto inmediato en los mercados internacionales. El precio del petróleo se disparó y varias bolsas asiáticas registraron fuertes caídas ante el temor a una mayor inestabilidad en Oriente Medio.