«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
'PROYECTO DINAH'

Un informa revela la utilización de la violencia sexual contra las mujeres como arma táctica de Hamás en los atentados del 7 de octubre

Shani Louk, asesinada por Hamás.

El brutal ataque terrorista islamista perpetrado por Hamás el 7 de octubre de 2023 no fue sólo una masacre, sino también una campaña deliberada y planificada de violencia sexual contra mujeres israelíes. Así lo confirma el informe presentado esta semana por el Proyecto Dinah, que documenta, con pruebas, el uso sistemático de la violación como arma de guerra por parte de los terroristas.

Lejos de ser episodios aislados, como pretendieron vender los activistas pro-palestinos y sus terminales mediáticas, la violencia sexual formó parte de la estrategia del grupo terrorista. El citado informe recopila testimonios de supervivientes, testigos, personal de emergencias, pruebas forenses y grabaciones en vídeo, y demuestra cómo las mujeres fueron atadas, desnudas, violadas en grupo, mutiladas y después ejecutadas.

Una de las supervivientes relató cómo un terrorista la mantuvo cautiva durante tres semanas, encadenada por el tobillo, sometiéndola a palizas y agresiones sexuales a punta de pistola mientras la obligaba a ducharse. Otra, en 2024, confesó: «Estuve en una jaula con cinco mujeres jóvenes; todavía están allí, maltratadas y explotadas». Las escenas halladas tras la matanza incluían cadáveres con signos de mutilación genital y objetos insertados en los cuerpos. Incluso, según un informe de la ONU citado por Dinah, hubo violación de cadáveres.

El informe subraya que, además de servir como prueba para procesar a los responsables de las atrocidades, busca «esclarecer la historia» y demostrar que Hamás recurrió a la violencia sexual como arma táctica.

A pesar de la abrumadora evidencia, algunos sectores del movimiento pro-Palestina siguen negando o minimizando los crímenes. Hamás, como era de esperar, lo niega, pero también feministas occidentales, periodistas y organismos que presumen de luchar contra la violencia «machista» han preferido callar. Así, European Conservative recuerda cómo la feminista estadounidense Judith Butler describió la matanza como «un acto de resistencia armada». Cómo ONU Mujeres tardó dos meses en mencionar siquiera la violencia sexual de Hamás, dedicándose en cambio a denunciar a Israel, y cómo la relatora especial de la ONU sobre la violencia contra las mujeres, Reem Alsalem, llegó a calificar los testimonios de violación como «desinformación», mientras lamentaba la situación de las mujeres palestinas desde el 7 de octubre.

Las pruebas de estas atrocidades estaban desde el principio a la vista de todos. Las cámaras de Hamás grabaron a la soldado israelí Naama Levy, ensangrentada, arrojada a un jeep y tomada como rehén junto a otras jóvenes. Otras imágenes mostraron a la joven Shani Louk, parcialmente desnuda, cubierta de sangre y paseada por Gaza entre vítores de la multitud. También quedaron registradas confesiones ante las cámaras de terroristas de Hamás admitiendo haber violado a una mujer antes de ejecutarla, y testigos presenciales relatando cómo los islamistas mutilaron a mujeres tras agredirlas.

Sin embargo, las feministas que durante años se han escandalizado por microagresiones o supuestas brechas salariales, guardaron silencio ante estas atrocidades. El informe del Proyecto Dinah es una bofetada a esa hipocresía, quienes justificaron o blanquearon la brutalidad masiva del 7 de octubre han perdido el derecho a presentarse como defensores de las mujeres.

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