«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico ALBA, escribió opinión en ÉPOCA, donde cubrió también la sección de Internacional, de la que fue responsable cuando nació (como diario generalista) LA GACETA. Desde hace unos años se desempeña como freelance, colaborando para distintos medios.

Buitres en el fondo

10 de octubre de 2026

Son, realmente, los creadores de una Cultura de la Muerte, en feliz expresión de San Juan Pablo II, una secta necrófila con opción preferencial contra la vida en cualquiera de sus manifestaciones más evidentes.

Se solazan en la muerte; su imaginación legislativa hoza continuamente en la disolución, ya sea de la vida humana con la insistencia en ese verdadero sacramento de la modernidad que es el aborto, y que en su discurso ha evolucionado a velocidad supersónica de «desgraciada necesidad» para casos extremos a ritual banalizado y celebrado, ya de la familia, de la patria, de las instituciones en las que se apoya nuestra entera civilización o en el propio sexo.

Pretenden estar contra los «fondos buitre» cuando ellos mismo son buitres en el fondo, solazándose en el hedor de los cadáveres como si fuera Chanel N.º 5. Tenemos que creer que ahora les duele en el alma la muerte a los 87 años de Maricarmen, a la que, de no servirles como símbolo inverosímil, hubieran podido ofrecer la eutanasia que han hecho legal.

Maricarmen podía ser Paquita, como la llamó Bardem, porque su función es mucho más importante que la persona. La persona no es nada para esta izquierda, y por eso una mujer violada puede convertirse en la Víctima del Mes cuando conviene, o quedar silenciada con frialdad implacable si su desgracia dañaba su narrativa.

Arrastran el cadáver como si fuera el perro Excalibur, porque todo es pescado lo que entra en la red. No les va a salir bien, no esta vez. El personal está ya asqueado de sus escenificaciones macabras, de sus danzas de la muerte, de su indecente deshumanización demagógica de los difuntos.

Gritan que «Maricarmen vive, la lucha sigue», y es verdad, porque Maricarmen nunca fue para ellos una persona de carne y hueso, con su destino personal único, sino un arma más en su siniestro arsenal. Esta vez no, ya no. Han forzado la máquina demasiado, hasta que se ha roto. Hay demasiado horror en torno a esta banda de forajidos, estos parásitos mortales, esta fauna necrófaga que devora el cuerpo de nuestra patria con una voracidad de siglos.

Todo se acaba desgastando con el abuso, y sus trucos se han vuelto torpes, repetitivos, repulsivos para quien no tenga terminalmente embotada la sensibilidad más elemental. Se les ve demasiado la codicia de poder absoluto y ya dan miedo hasta a muchos de los suyos. Uno puede sonreír una vez ante un desmán que favorece a su causa, puede dejar pasar, cerrando los ojos, a un segundo atentado a la estructura que sostiene todo el edificio; pero, a la larga, no pocos empiezan a sospechar que ese pistolerismo espiritual, ese chulesco desprecio a la ley que debería protegernos, puede volverse contra ellos y que entonces no tendrán institución que les proteja.

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