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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Bukele en Barbate

11 de febrero de 2024

Hace unos días, un amigo me pasó una intervención parlamentaria de doña Cashetana en la que utilizaba, dirigido al gobierno, el «abandone toda esperanza», giro habitual, culto o semiculto y dantesco, la inscripción a la puerta del infierno: «Lasciate ogni speranza…»; y coincidía en el tiempo con reportajes en los que pandilleros presos hablaban de la cárcel salvadoreña como infierno. Habían perdido la esperanza de salir de allí. Una de las características de lo infernal es que no presenta salida de incendios. No hay retorno.

De Bukele seguimos hablando unos días después, cuando mueren dos guardias civiles en Barbate y Abascal tuitea con la palabra «plomo» mientras el gobierno ofrece silencio y «condolencias».

Bukele es una figura que se nos hace escurridiza porque se sale de algunos compartimentos estancos. Superó el bipartidismo de derecha e izquierda de ARENA y FMLN (PP y PSOE de allí) con algo que tiene cosas de los dos y a la vez los supera. Nuevas Ideas, su partido, quizás no traiga ideas nuevas, sino alguna muy antigua, pero sí que las mezcla y presenta de otro modo. La política actualísima ha de ser a la vez tuiteable y un poco romana.

Bukele comenzó en la izquierda, pero su «propuesta» (como los cocineros, como los entrenadores…) es de seguridad. Mucha seguridad. Que el Estado recupere su hobbesiana razón de ser y saque al individuo de la guerra interna. El Estado se impone a las mafias siendo la mayor mafia de todas. La política moderna inventa cosas antiquísimas. Unos recuperan la frontera, Bukele nos recuerda qué era la cárcel. No es un resort expiatorio, ni una clínica détox, ni un monasterio laico, ni un retiro para escribir las memorias…

Bukele estudió publicidad y tiene ese talento, vende la moto de modo ‘disruptivo’, única forma actual. Un político ahora mismo debe ser capaz de circular por tiktok, ofrecer una cierta mezcla o  síntesis de izquierda-derecha y presentar un rasgo político definitorio, principal, suyo, tan fuerte o puro que lo distinga del resto, que lo destaque en el mundo. Bukele tiene sus cárceles, donde reduce a los narcos temibles a la condición de desvalidos seres en calzoncillos alineados como ancianos para una clase de zumba.

En un Estado como el español, ocupado hasta la connivencia por mafias criminales, consensuado entre mafias partidistas, ocupado colonial e ideológicamente por un país, militarmente por otro, y penetrado por intereses de alguno más, la afirmación salvadoreña del Estado despierta curiosidad y hace fantasear en un Estado que no fuera contra la nación. Un discurso consonante lo acompaña: soberano, nacionalista, insubordinado. Contra Estados Unidos o contra el colonialismo intelectual (antihispánico) de los progres españoles («Lo País»).

Bukele mezcla su lucha contra la mafia con gotas de izquierdismo económico, con modernidades tirando a opacas como el bitcoin; también fue duro en la cuarentena covidiana, vive en perpetua excepción, concentra peligrosamente el poder e incurre en nepotismo. Una joya no es.

Hay algo artístico en los hombres de Estado. Bukele es prochino, o más bien, pacta y negocia con China. Capta inversiones a cambio de darle su apoyo en Taiwán. ¿Sería lo suyo una franquicia hispana del estatalismo orientalizado? Bukele es de origen palestino pero, casado con una mujer judía, también proisraelí. Tampoco es fácil de clasificar del todo en lo internacional, aunque sabemos que se mueve (admira, propende…) hacia los Estados fuertes.  

Quizás esta ‘originalidad’, esta capacidad de pininfarinas para el diseño estatal sea más sencilla en Estados menores, de pequeño tamaño; también más fáciles de «conquistar».

Barbate genera un momento buqueliano en España. El Estado frente a las mafias. Pero en El Salvador las mafias llevan tatuajes. Aquí son más difíciles de identificar.

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